El destino es ineludible. Puedes gritar, patalear, oponerte a él con todas tus fuerzas, pero no conseguiras cambiarlo.
- La familia Vandalam se ha mantenido años y años en la cima, no podemos permitirnos el lujo de relajarnos y dejar que los Cavalone nos pisoteen. Somos superiores a ellos, y bien lo saben, pero un error nuestro haría posible su victoria.
- Padre, dejemelo a mi, como hermano mayor de la familia quisiera hacerme cargo.
- No, estas muy equivocado Nate, no por ser el mayor has de ser el más sabio, en el mundo de la mafia la edad no importa. Ya puedes tener apenas ocho años y ser un maestro con las armas, ¿o no, Gray?
- ¿Emmmm? Heee... esto, si. Si, Padre.
- ¡Pero lo más lógico es que el hombre mayor sea el que se haga responsable! Si no soy yo, ¿quién va a serlo? ¡Sabes perfectamente que si dejamos a Louise al cargo todos se reiran, no nos tomaran en serio! ¿Desde cuándo una mujer ha estado en la cima de una familia? Y Gray no parece tener mucho interes, además, ¡solo tiene dieciseis años! Su mente esta en otra parte.
Insatisfación. Eso era lo que debía sentir mi padre, y es verdad, no le culpo, todo lo que Nate esta diciendo es verdad. No estoy preparado para dirigir una familia de mafiosos tan grande como son los Vandalam. Mi padre había puesto todas sus esperanzas en mi, y yo le había defraudado. No era lo suficientemente bueno, él lo sabe, pero aun así quiere dejarme al mando.
La voz de mi hermano retumbaba en la gran sala del hotel Creole. Seguía repitiendo una y otra vez lo inutil que mi deseo por continuar la familia podia ser. Mi hermana y yo solamente esperabamos a que todo acabase, mirabamos a mi padre, él nos miraba a los dos y Nate continuaba chillando.
El sonido de un disparo recorrió todo el pasillo que había al otro lado de la puerta.
- ¿¡Quien eres!? ¿¡Que es lo que haces aqui!?
- ¡No permitais que atraviese esta puerta!
Bang-bang, sonaban los disparos uno tras otro. Una multitud de voces chillaban, gruñian, maldecian y animaban al resto para que aquella cosa no entrara. Dentro de la sala estabamos todos petrificados, "¿Que es lo que estará pasando ahí fuera?" Nos preguntabamos todos.
-¡Aaaaaarrg!- Una espada japonesa atravesó la puerta, estaba ensangrentada. Solo se oían gemidos. Fuera lo que fuera que había al otro lado de la puerta no era humano.
-¡ Id a por ella!
-¡ Solo es una chica! ¿¡Como es que no podeis con ella!?
Bang-bang, más disparos.
No podíamos seguir aqui en esta sala, si llegaba a entrar en ella sería el fin para todos.
-¡ Padre!- Por fin me decidí a articular una palabra.- ¿Qué es lo que debemos hacer? ¡No hay salida más que esa puerta!
-¡ La ventana! ¡Estamos en un segundo piso, la caida no es tan alta!- Dijo mi hermana Louise.
Mi padre la miró fijamente con mirada seria, Louise le devolvió la misma mirada. "Adelante", "de acuerdo", las palabras sobraban en ese instante, aquellos dos podían mantener perfectamente una conversación con tan solo mirarse.
Louise se quitó sus tacones, rajó un lado de su falda de tubo para tener más movilidad, asomó las piernas por la ventana y saltó.
Padre se abalanzó contra la ventana y con una leve sonrisa pudimos deducir que Louise estaba bien. Había caido sobre un contenedor de basura.
-¡Aaarrgg! ¡No lo conseguiremos!
Bang, otro disparo, y tras él llegó un incomodo silencio. Oímos unos pasos marcados fuertemente con unos tacones, pero para nuestra sorpresa esos pasos se alejaron de la puerta, lentamente.
- No hay tiempo venga.- Apremiaba Padre mientras ayudaba a Nate a atravesar el marco de la ventana y poder saltar al exterior.
- Ya estoy, venga Padre usted es el siguiente.- Decía Nate
-¡ No! Espera un segundo.- Padre me miró fijamente.- Hijo, sabes que yo siempre mantuve la esperanza de que algún día te decidieses a aceptar tu destino como sucesor de los Vandalam, pero, se que aunque no te obligue tu vas a aceptar solamente por mi felicidad. No quiero que eso suceda. Quiero que tu decidas como vas a vivir, ahora, salta.
- Señor Vandalam...- Era el señor Netter. ¡Imposible! Esta sangrando, con la cara y su traje completamente destrozados.- Coff, coff...- Tosía sangre. ¿Cómo era que el guardaespaldas más fuerte de la familia acabase así? Quien hubiese hecho eso no era definitivamente humano. - Deben huir, rápido. Ella... aun esta aqui... dense prisa.
Padre debió de ver mi cara. Fue un impacto demasiado grande para mi el ver al señor Netter de esa forma. Mi estómago ardía, una sensación de horror y temor recorrió todo mi cuerpo. Sentia a la muerte susurrandome al odio "ya es tu hora".
-¡ Vamos, salta!- Padre me sacó de mi trance.
- No, salta tu primero...-Decia yo.
Los tacones volvieron. Cada vez se oían más y más cerca. Retumbaban en mi pecho, en mi cabeza...
Padre y yo seguíamos junto a la ventana.
- Corran...- Decia Netter.- Esta aqui...
-¡ Gray, salta!
- No, padre.
Bang. Una bala atravesó la cabeza del señor Netter. Todo pasó demasiado rápido.
Empujé a Padre por la ventana.
-¡ Corred! ¡Largaos!- Chillé desde arriba.
Me dí la vuelta para ver a lo que me enfrentaba y... simplemete pude percibir el cosquilleo de una espada atravesandome el estómago. Sentia como se deslizaba aquella espada japonesa que había asesinado a todos los subordinados de mi padre, pude percibir todas las almas que había arrebatado, los lamentos de aquellas personas pasaban por mi cabeza, hasta que..."crack", la espada llegó a mi columna, "crack" y la atravesó. Decidí abrir mis ojos, pues quería al menos ver el rostro de la persona que acabaría con mi vida.
-¿ Qué?- Conseguí articular.
La sonrisa de una hermosa chica fue lo que ví. Era la sonrisa más bonita que había visto en mucho tiempo.
Pude oir como silvaba la espada mientras salía de mi interior de mi cuerpo, lentamente, hasta que salió la punta. Y lo noté, mi vida se acababa, un dolor punzante me invadió . Bomité, bomité sangre. El caro traje que mi padre me compró, estaba todo arruinado.
- Jea...- Otra vez bomité sangre. Caía lentamente hasta el suelo. Ella seguí hay, sonriendo, contemplando su obra.
Yo me retorcía de dolor en el suelo. Casi no veía, casi no oía...
Ella se alejaba, por el pasillo por el que había entrado. Llevaba en la mano la espada con la que iba marcando un camino con mi sangre.
-¿ Por...que..?
-¡ Gray!- Alguien me llamaba, pero apenas ya podía oirlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario