- Señor Vandalam...
- Adelante Lavi, pasa, toma asiento.
- Señor Vandalam, ya he mandado a curar las heridas del señor Netter, han dicho que solamente son algunos cortes y la pérdida de la conciencia momentaria, nada serio, señor.
- Muy bien.
-¿De verdad cree que todo a ocurrido como Gray ha dicho?
-¿Qué? Jajaja, ¿cómo iba el señor Netter a hacer algo así? ¿Tu le has creido?
-¡No señor, claro que no!
- Jajaja, este muchacho... Tiene la misma chispa que su made. ¿No crees?
- Así es. ¿Qué cree que habrá ocurrido en realidad?
- Si te digo la verdad, no tengo ni idea. Tampoco es que me importe mucho.
- Pero señor, ¿no se da cuenta de la gravedad del asunto?
-¿Gravedad? ¿Qué gravedad?
- Señor, el guardaespaldas más fuerte de la familia ha sido noqueado por un muchacho...¿usted no ve la gravedad?
- Por supuesto que no, después de todo a sido Gray el que lo ha hecho.
- Lo se señor, pero...
- Tranquila Lavi, después de todo tu sabes perfectamente el potencial que tiene Gray. No hay problema, tranquila, que tampoco es como si dejara que Gray valla noqueando a todos mis hombres, le hecharé la tipica regañina que todo padre le da a su hijo cuando se pelea con alguien y ya esta. También le diré algo a cerca de esa gran imaginación suya. Venga, Lavi, no me mires así, Gray no va a volver al mundo de la mafia, lo sabes perfectamente. Se que le quieres como si fuera tu hijo, pero no debes preocuparte.
- Ya lo sé señor, se que usted no va a permitir que Gray vuelva a entrar en ese frío y oscuro mundo, pero temo por él. He estado cuidandole desde el día en que nacio, le tengo un cariño y aprecio muy especial. Pero... ya sabe que el señorito Gray esta como loco por recuperar sus recuerdos del pasado.
- Si, ya me has contado, la pequeña Cavalone, ¿no?
- Así es, tiene cierto interes en ella. Me preguntó si sabía como se llamaba o donde vivía. Incluso si sabía si ella seguía con vida.
- ¿Qué es lo que le dijiste?
- Lo que debía decir, señor. No le conté nada.
-Crees que sospecha, ¿no es cierto?
- Si, la visión que tuvo... creo que la relaciona de algún modo con ella.
-¿ Crees que debería decírselo?
- No soy quien para opinar en sus asuntos, señor. Pero no creo que deba hacerlo, por el momento aun no.
-¿Tu crees? No se que hacer, querida amiga. Esa visión que tuvo... sin duda fue del día en el que fue secuestrado, y aquella chica que había con él... era la pequeña Cavalone.
-¿Usted cree que sigue con vida?
- No se muy bien que decirte, puede que si, pero también puede que no. Nadie sabe lo que le puede rondar por la cabeza a aquel loco, a pesar de ser su padre nunca tuvo interes alguno en su hija, siempre la ha tratado como a un objeto.
- Pobrecilla, siento lastima por ella.
- Y yo, Lavi, y yo. Estubímos buscandola un tiempo a ella también, después de todo la ví crecer desde muy
chica, siempre la teníamos jugando con Gray en aquel parque que hay frente al hospital.
- Es cierto, recuerdo cuando Gray venía del parque lleno de barro por todas partes, y que mientras le bañaba me contaba lo que había estado haciendo con la señorita Cavalone en el parque. Recuerdo la vez en la que me contó que la rescató del agua.
- Jajaja, si, que estaban en la barca, en la orilla del estanque y que a ella se le calló su colgante y bajó de la barca a recuperarlo de las aguas y que Gray pensó que ella calló al agua y que se iba a ahogar.
- Si, estubo más de una semana entera diciendo que era un héroe y que había rescatado a una dama en apuros.
- Si. Lavi, quisiera recuperar esos tiempos. Quisiera no haberme enemistado con Allen Cavalone, viejo amigo... ¿En qué estarias pensando en aquellos tiempos?
- Nadie sabe excepto él. Estoy segura que algún día se resolvera todo.
- Desgraciadamente Lavi, eso no va ser posible. Cuando dos familias pertenecientes a la mafia entran en choque no se puede volver atrás. No pienso perdonar a ese jodido loco por ponerle la mano encima a mi hijo.
-¿Señor? ¿Se encuentra bien?
- Si, tranquila, no es nada, solamente son lágrimas de rabia. Si me disculpas yo me retiro.
- De acuerdo señor.
- Ve a ver a Gray, ya habrá acabado de comer. Alguien tendrá que apoyarlo tras su gran momento traumático.
- Jajaja, enseguida voy señor.
· · ·
¨Toc-toc.¨ Alguien llamaba a la puerta.
- Adelante.- Dije desde mi cama, en donde me encontraba sentado.
- ¿Has terminado ya de comer? Vengo a recoger los platos.- Era Lavi.
- Si, ahí estan, sobre la mesilla.
- ¿Qué son esas fotos?- Dijo ella acercandose a mi.
Tenía en mis manos las dos fotografías que encontré en aquella caja que apareció debajo debajo de mi cama.
-¿Esto? Nada, las encontré en mi habitación por ahí tiradas.
- A ver, dejame verlas.
La entregué en primer lugar la foto en la que aparecíamos todos.
-¿No somos papa, Louise, Nate, el señor Netter, tu y yo?
- Si, somos nosotros.- Dijo sin apartar la mirada de la fotografía.
-¿Tu sabes quienes son esos hombres?- Dije tan inocente como pude parecer.
-¿Estos? Pues creo que son algunos de los hombres que trabajan con tu padre, compañeros de su empresa.
-¿Más mafioso?- Solté de sopetón.
-¿Qué?- Lavi giró bruscamente la cabeza hacia mi, estaba desconcertada, de repente la formulé aquello, sin más.-¿Qué dices Gray?
- Lo sé, Lavi, lo se todo. Me lo ha contado todo. ¿Esos son otros mafiosos? ¿De la familia de papa?
- Bueno, yo...- Parecía algo nerviosa.
-¿Y bien?
- Esta bien.- Dijo resignada, al final conseguía que alguien me diera información sobre estas fotos.- Así es, son algunos de los subordinados de tu padre, son los que lleban los cargos más importantes.
- Mmmm... interesante, es decir, que en esta foto aparecen las personas más importantes en la familia, ¿no es asi?
- Si.
- Entonces, ¿Louise y Nate tambien son parte de la familia de papa?
- Si, ocupan cargos muy importantes.
- ¿Y el señor Netter también?
- Si, él es el guardaespaldas personal de tu padre.
- Entonces tu también eres una mafiosa.
-¿Yo? ¡Que va! ¿Pero cómo se te ocurren esas cosas? Yo no tengo nada que ver.
- Pero tu dijiste que en esta foto todos eramos parte de la familia.
- Si, bueno, es cierto, pero yo solamente aparezco porque he sido quien te a cuidado desde el día en que naciste. No hay otra razón por la que yo deba estar ahí más que esa.
- Entiendo...- Dije fijando mi mirada hacia ella.
-¡Que es verdad! ¿No me crees?
- Que si, claro que si que te creo.- Mentira, no la creía, para nada.
- Bueno, arreglate. Hoy es tu ultimo dia de visita al Doctor Paul.- Dijo cambiando rápido de tema.
-¿Qué? ¿Otra vez tengo que ir a ver a ese doctor?
- Si, ¿por qué no quieres?
- Es que... no me fio de ese hombre. Pregunta demasiadas cosas.
- Gray, es doctor, es normal que pregunte.- Dijo ella entre risitas.- Venga, Louise te esta esperando, hoy tambien quiere acompañarte.
- Me da igual que sea doctor. No me fio de ese tio.
- Vamos, deja de darle vueltas.
- De verdad que no quiero ir.- Dije entre pucheros.
- Venga, no digas tonterias.- Dijo ella mientras me daba un pequeño empujoncito en dirección hacia la puerta del armario.- Visteté y no hagas esperar a tu hermana.
-Buff.- Bufé y comencé a vestirme. Luego me dirigí a las escales y las bajé, lentamente, no queria volver a ver a aquel hombre, más después de haber huído de esa manera la ultima vez.
Apoyé mi mano izquierda en el pasamanos de la escalera y continué bajando. Paré un instante, de verdad que no me apetecía ir. Miré hacia atrás, y ahí se encontraba Lavi, esperando a que bajara, me resigné y reanudé mi descenso. Metí mi mano derecha en el bolsillo del pantalón. De repente mi mano chocó con algo. La baraja de poker. Estaba ahí, se me olvidó por completo. La agarré para sacarla del bolsillo. ¨Espera, ¿qué me pasa?¨ De la nada un fuerte dolor apareció y comenzó a atormentar mi cabeza.
-¡Ah!- Solté inmediatamente la baraja y saqué mi mano derecha del bolsillo para llebarmela a la cabeza.
La baraja calló al suelo, al igual que yo.
- Venga Gray. No creas que con eso vas a conseguir librarte de ir.- Apenas podía oir las palabras de Lavi.
Me encontraba de rodillas, agarrado a la barandilla. La cabeza me daba vueltas, veía todo borroso.
- La-Lavi...- Apenas podía pronunciar una palabra.
-¿Gray? Hey, ¿qué haces? ¿Gray?- Las palabras de Lavi llegaban entrecortadas a mi cerebro.
Finalmente caí rendido.
¨Bueno señores, ¿Qué dais?¨ ¿Qué son esas voces? ¿Es otra de mis visiones? ¨Jajaja, niñato engreído. No vallas tan deprisa, estas a punto de perder tu imperio.¨ ¿Qué es esto? Es una mesa verde, con gente alrededor, estos hombres tienen cartas de poker en sus manos. ¨¿Usted cree?¨ Un momento, ese soy yo. ¨Jodido niñato.¨ Pronunció un robusto hombre con un enorme puro en la boca. Sus enormes manos repletas de anillos de oro buscaban la carta idonea para hechar. ¨Nunca aprenderá.¨ Dije yo mostrando mis cartas. ¨¿Cómo? ¡¡Imposible!! ¿Qué coño has hecho chaval? ¨ Una escalera real de color era lo que mis manos sostenían. ¨Bueno, bueno, si no les importa todo esto es mio señores.¨ Dije mientras abrazaba un montón de fichas mirando a aquellos hombres con una mirada desafiante. El robusto hombre del puro se levantó y se abalanzó sobre mi agarrando el cuello de mi camisa. ¨¡¿Cómo cojones lo has hecho niñato?!¨ Decía mientras sacudía mi cuerpo. ¨He, he, he. Calmate viejo. No es mi culpa que todos seais una panda de incompetentes." Le dije fulminandole con la mirada. Aquel hombre se quedó sin palabras. ¨¡¿Cómo te ateves?!¨ Dijo cuando volvió en sí, entonces soltó una de las manos que agarraban el cuello de mi camisa, cerró su puño con toda su ira y lo dirigió hacia mi cara a la velocidad de la luz. Sorprendentemente antes de que pudiera llegar a darme mi mano interceptó ese fuerte puñetazo que podría haberme llegado a romper la nariz. ¨¿ Crees que es conveniente para ti?¨ Le pregunté perdiendo todo el sarcasmo en mi voz para dar paso a un intimidante tono. Solté su mano. Ahora parecía estar cabreado. Si las miradas matasen la mia habría dejado sin vida a aquel hombre que tenía ante mi. Con un gesto de superioridad le arrebaté de su boca el puro y lo puse en mis labios, aspiré y le heché todo el humo en su cara. Acto seguido apagué el puro en la mejilla de aquel hombre, a la vez que una desgarradora carcajada salia de mi boca. Oía los gritos de dolor del hombre y podía ver con toda claridad como él no hacía nada para impedirlo. Cuando el cigarro se apagó lo tiré al suelo. Me aproximé a una silla, cojí mi chaqueta y sujetada con mi mano derecha y esta apoyada en mi hombro deje caer colgando la chaqueta tras mi espalda. Giré la cabeza y miré a aquella atónita multitud. ¨Hasta la proxima, caballeros.¨ Me despedí y salí de aquella sala.
¿Cómo era posible que aquel chico con el pelo engominado hacia atrás y vestido de manera tan elegante con camisa, corbata, pantalón y chaqueta de cola negros y con una aura tan poderosa poduese ser yo? ¿Cómo podía un chaval de mi edad tener tal control sobre aquellos adultos? Era increible.
¨¡No Gray! ¡No lo hagas, te lo ruego!¨ Esa voz, es de aquella chica. Era ella, estaba tirada en el suelo. Estaba llorando. Tenía su mano extendida, parecía que quería agarrar algo, agarrarme a mí. ¿Pero por qué? ¿Que era lo que estaba haciendo? ¨¡No!¨
Abrí mis ojos. Me encontraba tumbado. Miré a mi alrededor.
-¿Don-donde estoy?- No conocía esta habitación de la casa.
- En mi habitación, tranquilo.- Era Louise, estaba sentada a mi lado en la cama, agarrando mi mano.-¿Estas bien?
- Si, ¿qué me ha pasado?- Dije incoorporándome.
- Llevas durmiendo todo el día. Estabas bajando las escaleras y de repente te desmayaste. Al principio Lavi creía que era una pequeña actuación porque no querías ir a ver al Doctor, pero cuando te vimos que no respondías, que chorreabas sudor por todas partes y tenías la cara pálida con las mejillas rojas por la fiebre nos dimos cuenta que no estabas actuando y te tragimos aqui.
- No pasa nada, estoy bien.- Dije intentando levantarme.
-¡No! ¡No lo estas! ¿Qué es lo que te pasa Gray? Dímelo por favor.- Louise tenía lágrimas en sus ojos, sus manos apretaban fuertemente las mias.
- Louise yo...
-¡Ola a todos!- Nate entró por la puerta interrumpiendome.-¿Pero que es lo que te ha pasado hermanito? Estas hecho todo un pupas. ¿Crees que así en ese estado vas a poder continuar con los negocios de papa?- Soltó con un tono sarcástico.
-¡Nate! ¡Sabes perfectamente que Gray no va a continuar nada! ¿Por qué siempre estas igual?- Louise parecía enfadada.
-¿Cómo que siempre? Es la verdad, aun que tu no quieras él algún día va a saberlo todo. Es parte de su vida, de su existencia, es su destino. No lo olvides.
- Pues muy bien, pero contra más tarde mejor.
- Bueno, cambiando de tema. ¿Qué es lo que te ha pasado enano?- Dijo él acercando una silla a la cama y sentandose en ella.- Cuentame, soy todo oidos.
- Pues... que me he desmayado.
-¿Eso es todo?- Preguntó asombrado.
-¿¡Cómo que si eso es todo!?- Louise estaba a la defensiva. Las pocas veces que he visto a este hombre siempre habla a Louise con un toque de frialdad y sarcasmo. Al parecer se ve que quiere que sepa que soy parte de una familia de mafiosos.
- Bueno, él tiene razón, tampoco ha sido para tanto, solo un mareo.- Dije tratando de calmarla.
- Ves, mujer, es que tu te alarmas enseguida con nada. Bueno Gray, ¿no has tenído alucinaciones ni nada? No se, algo así como una visión como la que tuviste aquella noche en el pasillo.
-¿Qué?- Estaba muy extrañado. En cierto modo la mirada de mi hermano no me daba mucha confianza. La forma en la que me miraba me intimidaba bastante, parecía que le interesaba mucho mis visiones.
-¿Qué tonterias estas diciendo? ¡Dejale en paz! ¡Tiene que descansar!- Gracias a dios, Louise interrumpió esa incómoda situación. Ya no podía seguir aguantando la penetrante mirada de Nate.
- Bueno, bueno. Si tanto te desagrada mi presencia ya me marcho. No es necesario que te pongas así.
Nate lanzó una fulminante mirada hacia Louise y se marchó por el mismo lugar por el que había llegado.
Louise mantuvo una mirada llena de ira hasta que Nate despareció de la habitación, entonces su rostro
volvió a mostrar la ternura que de costumbre ofrece su cara.
- No le hagas ni caso, es lo mejor.- Dijo ella.
- Louise, ¿puedo preguntarte algo?
- Dime.- Dijo volviendo a su posición anterior en la cama.
-¿Nate y tu os llevais mal?
- No, no es eso. Es por problemas relacionados con la empresa de nuestro padre.
- Es por mi culpa que estes peleados, ¿cierto?
-¿Qué? ¡Por supuesto que no! Es solo que antes de que te secuestraran Padre decidió que tu serias el sucesor, que tu heredarias su gran imperio y lo cierto es que Nate te cogió cierto rencor por ello.
-¿A mi?- Dije extrañado.
- Si. Después de que fueras secuestrado. Cuando Padre logró localizarte y traerte de vuelta decidió que tu no tenías que volver a involucrarte con sus negocios. Entonces Nate intentó aprovechar esa ocasión para ser él el futuro heredero, pero Padre le dijo que todo iba a acabar tras su muerte, que no confiaba en él y que prefería acabar con todo antes que dejarlo en sus manos. Así que parece ser que ahora Nate insiste en que te vuelvas a unir al proyecto de Padre para así ser su sucesor puesto que él prefiere ver la empresa de Padre en tus manos antes que verla desaparecer.
- Vaya.- Ya conocía parte de la historia, aunque la otra era totalmente nueva para mi, mi padre no me contó sobre lo de Nate, ni siquiera mencionó su nombre.
- No te fies de él.- Dijo de repente Lavi, quien sin que Louise ni yo nos percatáramos de su aparición.
- Lavi.- Dijo Louise dirigiendo su mirada a donde la veinteañera esta situada. - Si, así es Gray, ni Lavi ni yo nos fiamos de Nate. La verdad es que creo que tiene algo en mente que no me gusta nada.
- Señorita Louise, si me disculpa, necesito que salga, tengo que tomar de nuevo la temperatura de Gray y darle sus medicinas antes de acostarse.
- Espera, ¿voy a dormir aqui?
-¿Por qué no?¿Tienes algo en contra de mi habitación?- Dijo entre risas Louise mientras salía por la puerta.
-No, no es eso, es solo que...¿Y tu? ¿Dónde vas a dormir?
- Tranquilo, ya has visto que las dimensiones de esta mansión, hay habitaciones para dar y regalar. Que descanses hermano.
- Adios.
- Adios señorita Louise.
Louise se fue y tras ella cerró la puerta de la habitación, donde Lavi y yo nos quedamos a solas, completamente en silencio mientras ponía el termómetro en mi boca y preparaba unas pastillas.
- Hey, Lavi, ¿por qué no te fías de Nate?- La pregunté.
- Sinceramente... no lo se. Es algo así como un sexto sentido. - Dijo ella mientras retiraba el termómetro de mi boca y se sentaba junto a mi.
- Con que un sexto sentido.
- Por favor, Gray.- Dijo poniendose encima mia y acercando su cara a la mia.- Prométeme que no le contarás nada.- Su cara y la mía estaban peligrosamente cerca.- Prométemelo. Sobre todo que no le dirás nada sobre que sabes que en el pasado pertenecias a la familia Vandalam o lo de tus visiones.
¨¡Pero Lavi! ¿Qué haces? ¡Apártate! Estas demasiado cerca.¨ Solo podía pensar en eso.
- Gray, estas temblando y tienes tu cara completamente roja.- ¿Cómo no iba a estar así cuando tengo a una veinteañera encima mia a cuatro patas en una cama y con su frente pegada a la mía?- ¿Tienes fiebre? No lo entiendo, en el termómetro pone que no.- Dijo apartandose.
-¡No! No pasa nada, solo es un poco de calor.- Dije agobiado hasta los topes y con las hormonas revolucionandose en mi interior.
- Bueno.- Dijo girandose hacia la mesilla.- Tómate esta pastilla.- Me ofreció una pastilla morada y un vaso de agua. Tomé el medicamento y le devolví el vaso.
Lavi se levantó de la cama y se acercó a la puerta.
- Prométemelo. ¿Vale?- Dijo guiñandome un ojo con una preciosa sonrisa en su cara.
-Si, si. Lo prometo. Adios.- Dije tumbándome dando la espalda a la puerta, donde ella se encontraba.
Oí el ruido de la puerta cerrarse tras mi espalda.
¨¿Pero qué es lo que piensa esta mujer? Soy un chico en plena adolescencia. No puede ir haciendome eso.¨ Pensé. Puse mi mano sobre mi cara. Estaba ardiendo. Seguro que aun debía estar roja.
- Vamos Gray.
- Si, si. Ya voy.
-¿Pero qué haces aun con la tostada en la boca?
- Es que no me ha dado tiempo a acabarme el desayuno.
- Vamos, cómetala ya.
- Que si...
Louise y yo nos encontrábamos frente a la puerta principal. Ibamos a ir a ver al Doctor Paul, pues ayer no tuvimos la ocasión de hacerlo debído a mi desmayo. Mientras acababa de tomarme la tostada Louise me colocaba una corbata y doblaba bien los puños de mi camisa.
-¿Pero que pasa? ¿Por qué tengo que ir tan arreglado?
- Porque después de ir a ver al Doctor tenemos que ir a recoger a tu padre del trabajo.
Que extraño, me parecía bastante raro que Louise estuviera relacionando el ¨trabajo¨ de papa conmigo. A Louise nunca le gustó eso. Además, ¿no se supone que si me lleva a un lugar así yo sospecharía algo? En fin, no entiendo nada.
Llegamos al hospital, pero en esta ocasión en vez de quedarnos en los jardines de en frente entramos en el gran edificio blanco. Allí, en recepción, el Doctor Paul nos estaba esperando. Nos saludamos y enseguida comenzamos a hacer un largo recorrido por los pasillos del hospital. La velocidad del Doctor Paul comenzó a aumenter a medida que nos íbamos adentrando más y más en el corazón del edificio, y como iba medio distraído al final acabó pasando lo que más me temía. Perdí totalmente de vista a Louise y al doctor. Miré a mi alrededor, había demasiada gente como para encontrar a alguien en concreto. Todos iban de un lado para otro. Iba fijandome en las caras de las personas que pasaban a mi lado con la esperanza de que alguna de ellas fuera la de mi hermana cuando de repente, una de las caras llamó mi atención. Imposible. ¿Era ella? Una chica de tirabuzones rubios se cruzó ante mí. Tenía que seguirla. Estaba seguro de que ella era mi chica.
-¡Espera! ¡No te vallas!
Ella ni siquiera se percataba. Tenía que alcanzarla. Como podía iba abriendome paso entre la gente. Estaba a escasos centímetros de ella. Extendí mi brazo, ya casi podía tocarla. ¨¡Si, Gray!¨ Me decía a mi mismo en mi mente intentando alcanzarla. ¨¡Un ultimo esfuerzo! ¡Venga!¨ Ya esta. Lo conseguiré. Solamente unos milímetros separaban su hombro y mi mano, cuando sin esperarmelo noté que alguien agarró la muñeca de mi otra mano.
-¡Gray! No te distraigas, ten más cuidado.
-No...- Susurré. Giré mi cabeza para ver quien era. Louise, estaba agarrando mi muñeca y entonces lo ví, como una premonición, ella tiraría de mí para sacarme de allí y yo no tendría oportunidad alguna de hablar con aquella chica que robó mi corazón.- No... espera.- Seguía susurrando. Entonces pude percibir el leve movimiento de muñeca de Louise para comenzar a tirar de mí.-¡No!- Chillé y entonces el tiempo pareció congelarse. Vi como aquella chica rubia se giraba para ver de quien era aquella voz que sonaba tan cerca suya. Y la ví, ví su pálida cara blanca como la leche y sus grandes ojos azules completamente conectados con los mios, mientras Louise tiraba de mí, muy lentamente, como a cámara lenta. Me iba alejando poco a poco de ella. Nuestros ojos seguían conectados, no podía apartar mi mirada de la suya. Entonce de repente su cara cambió y apareció la de la chica de mis visiones. ¨¿Qué? ¿Qué esta pasando aqui?¨ Me pregunté. Un gran hombre la llebaba cargada en sus hombros como a un saco de patatas. ¨¡No Gray! ¡No me dejes!¨ Decía ella. ¨¡No te separes de mi!¨ Ella extendió su mano, y llorando seguía repitiendo aquellas palabras. Aparté mi mirada de sus ojos. ¨¿Qué es esto?¨ Ya no había gente a nuestro alrededor. Estabamos sumidos en una gran oscuridad. Un hombre de grandes dimensiones se la estaba llevando. La llevaba cargada sobre sus hombros, como a un saco de patatas. ¨¡Gray!¨ Volvió a decir ella. Entonces me fijé, su mano, la extendía hacia mi para que la agarrara. ¿Qué debía hacer? ¿Cómo es que la situación cambió de esta manera? Parpadeé un instante y entonces todo volvió a la normalidad. La gente del hospital volvió a estar a mi alrededor, unas enfermeras parecían alteradas y hablaban algo sobre alguien que se acababa de desmayar, pero sin embargo no había rastro de ninguna de ellas. Ni de la chica del lago ni de la de mis visiones. ¿Qué era lo que acababa de ocurrir?
-¿Gray?
Entonces fuí consciente de que me encontraba con mi brazo izquierdo extendido esperando agarrar la nada, y mi brazo derecho sujetado por Louise, quien me miraba con ojos preocupados.
-¿Louise? ¿Q-que a pa-pasado?- La pregunté tartamudeando.- Tu también lo has visto, ¿verdad?- Estaba desconcertado, no conseguía sacarle sentido a la situación.- ¿Habrá sido tal vez una visión?
-¿Qué es lo que dices Gray? ¿Ocurre algo?- Louise parecía comenzar a preocuparse.
- N-no lo s-se.- No sabía muy bien por qué pero después de ver aquello sentía miedo. Estaba sudando, pero también noté como la temperatura de mi cuerpo comenzaba a bajar. ¿Qué era esto que sentía? Miré fijamente a Louise a los ojos, solté su mano, caí de rodillas al suelo y me abracé fuertemente a su cintura.
-¡Gray! ¿Que te pasa? ¡Contestame Gray! ¡Gray!
Tenía los ojos como platos. Notaba como el sudor helado recorría mi frente. ¿Qué me pasa? Estoy completamente aterrorizado.
-¡Gray! ¡Louise! ¡Al fin os encuentro! ¿Dónde os habíais metido? - Era el Doctor Paul, al parecer ya no había encontrado.- No debeis despistaros, este lugar es demasiado grande como para...- El Doctor Paul se detuvo y clavó su mirada en mí, que seguía aferrado con todas mis fuerzas a Louise.- ¿Qué te pasa Gray? Estas sudando y completamente pálido. ¡Traedme una silla! ¡Rápido!- Dijo a traves de un aparato.
Vi como un hombre se acercaba a toda prisa con una silla de ruedas hacia nosotros.
-¡Una manta por favor!- Seguía pidiendo el doctor.
Entre él y el hombre que acababa de traer la silla me separaron de Louise y me sentaron en ella. Louise agarró mi mano y yo la sujeté con todas mis fuerzas-
Un enorme terror iba apoderandose más y más de mi cuerpo.
-Rápido, ponle la manta encima.- Decía el doctor a una enfermera que acababa de llegar con la prenda.
- Gray...¿Qué te pasa?- Oía sollozar a mi hermana.
- Esta completamente helado. ¿Qué le ha pasado para entrar en menos de un segundo en este estado? Rápido, llevemosle a urgencias.
- Señorita, sera mejor que se quede aqui.
- Pero yo...
- Tiene la mirada perdida, esta temblando de forma muy exagerada.
- Quedese en la sala de espera, en cuanto sepamos que es lo que le ocurre la informaremos.
- ¡Rápido! ¡Esta perdiendo el conocimiento!
Comenzaba a no poder distinguir las voces. Solo oía un pitido en mi cabeza, un pitido que sonaba como un pájaro carpintero atormentando mi cabeza. Tengo frío. Tengo miedo. Pero... ¿Por qué? Que alguien me ayude...
No hay comentarios:
Publicar un comentario