lunes, 28 de noviembre de 2011

IX - La familia Heatherfer, pelea en el casino.

Llegamos a una inmensa extensión de terreno en el que un mar de margaritas bañaba toda la zona.
Bajé del coche. La tremenda vegetación del lugar llegaba hasta mis rodillas.
- Bonito, ¿no crees?- Dijo el señor Netter bajando del coche.
- Si.
- Bueno, ya estamos aqui, ¿ahora que?
-¿Qué de qué?
- No se, me refiero a que qué vas a hacer.
- No tengo ni las más remota idea. Supongo que investigaré un poco los alrededores a ver si algo de lo que hay aqui me ayuda a recordar un poco más de mi pasado.
- Vale, te acompañaré.
- No gracias, no es necesario.- Le reproché.
- Oye, oye. Soy un hombre que esta orgulloso de realizar su trabajo y puede que aun no lo recuerdes, pero yo solía acompañarte a todas partes cuando tu trabajabas para tu padre.
-¿Yo trabajaba para él?- Dije andando campo a través.
- Si, así es. Muchas veces ibas a negociar con clientes, a reuniones entre la familia... Puede que no lo creas chaval, pero tu incluso has llegado a dejar a gente en coma debido a tus brutales palizas.
- Ya veo.
Continuamos caminando por la zona alrededor de quince minutos o más, hasta que me detuve.
- Aun no lo entiendo, ¿qué clase de negocios son los que tiene mi padre?
-¿A qué te refieres?
- Bueno, pues que qué es lo que él, nosotros, la familia Vandalam, hacemos. ¿Traficamos con drogas o algo?
-¿¡Qué!? No, nada de eso. Lo que la familia Vandalam usa en sus negocios es el dinero.
-¿Dinero?
- Así es, nosotros trabajamos con dinero, más bien por dinero, negro. Lo que hacemos es... - El sonido un telefono movil interrumpió al señor Netter. Este contestó enseguida.-¿Diga? Si, por supuesto, él esta aqui conmigo. Claro, enseguida señor Vandalam. Ahora mismo vamos.- Colgó.
-¿Era mi padre?
- Si. Y quiere que vallas ahora mismo con él. Tiene una de sus reuniones y quiere que estes presente. Eso sí, no debes decirle nada a la señorita Louise, ¿de acuerdo?
Asentí con mi cabeza. Volvímos hacia donde estaba el coche y montamos en él.
A mitad del camino el señor Netter giró en una curva que no debía tomar.
-¿Qué haces? Por aqui no se va a casa.
- Ya lo sé. Te he dicho antes que no nos dirigimos hacia casa, si no con tu padre. Vamos a ir a la casa de la familia Heatherfer, pero antes tenemos que pasar por el sastre, no puedes presentarte ante tal familia en unos simples vaqueros y deportivas. ¿Y que hay con esa camisa? Abrochate bien los botones.- Dijo acercando su mano a mi.
-¿Qué haces? Dejame, voy bien.
- Claro que si.- Dijo Netter irónicamente.
Llegamos a las puertas de una grande y lujosa tienda de alta etiqueta.
- Buenos dias.- Nos dijo la joven dependienta con una leve reverencia.-¿Que desean?
Pasé la siguiente media hora provandome distintos tipos de americanas, pantalones, corbatas y zapatos, hasta dar con la convinación definitiva.
- Si, esta es.- Dijo la joven contemplando como se veían en mi aquellas prendas.
Me miré en el espejo que tenía en frente y para mi sorpresa eran las mismas prendas que tenía en la visión en la que aparecía Netter.
-¿Se lo va a llevar?
- Si, yo creo que este esta bien. ¿Que opinas, Gray?
- No esta mal, me gusta.
Nos dirigimos a el pequeño mostrador de cristal.
-¿Se lo llevará puesto?- Preguntó ella.
- Si, ¿cuanto es?
-¡Oh! No se moleste, no nos debe nada, la familia Vandalam ha hecho demasiado por nosotros, invita la casa.
- Bueno, pues entonces muchas gracias. Hasta luego.
- Que tenga un buen dia.- Se despidió ella con una sonrisa en la cara.
- Adios.- Dije colocando los botones del puño de la camisa.
Volvimos a montar en el coche. Nos llevó otra media hora el llegar a la mansión de los Heatherfer. El gran portón de la entrada se abrió para darnos paso a un inmenso paraiso floral. Al bajar la ventanilla del coche podías percibir una inmensa sensación, los olores de las numerosas plantas flores del lugar se mezclaban entre ellos.
Al llegar a la casa, al pie de las escaleras de la entrada, se encontraba mi padre, junto a un hombre de unos cincuenta años y una chica de unos quince, dieciseis años, supuse que ella sería la hija de aquel hombre.
El señor Netter bajó del coche, lo rodeó dirigiendose hacia mi puerta y la abrió, después volvió dentro del coche, al parecer iba a marcharse. Bajé y me encontré con tres sonrisas dandome la bienvenida.
- Bienvenido, señorito Gray.- Dijo aquel hombre estrechandome la mano.- Espero que te sientas como en tu casa. Ella es mi hija, Emily.
- Encantada.- Saludó ella dandome dos besos en la mejilla.- Es un placer conocerle.
- Lo mismo digo.- La dije tomando su mano y besandola levemente a la vez que realizaba una pequeña reverencia.
- Lord Vandalam, su hijo es muy caballeroso al parecer. Pasen por aqui, por favor.
Seguimos al señor Heatherfer al interior de su mansión y nos condujo hacia una sala en donde una gran lámpara de araña colgaba del techo, una enorme mesa y en esta había cuatro platos para comer y dos doncellas sirviendo.
- Sientense.- Dijo una de las doncellas.
El señor Heatherfer y mi padre se sentaron en uno de los lados y Emily y yo justo en frente de ellos.
Comenzamos a comer. Durante toda la hora que duró la comida los adultos estuvieron hablando de negocios, al parecer el padre de Emily iba a presentar a mi padre a un posible cliente. Emily y yo no intervenimos en ningun momento de la conversación aunque si que noté que ella no paraba de mirarme, al principio pensé que eran paranoias mias pero al parecer sus ojos y sonrisa estaban pendientes de cada movimiento que yo realizaba. Fue entonces cuando me fijé en sus verdes ojos, su nariz respingona repleta de pequeñas pecas sobre una blanca piel británica. Sus delgados labios estaban pintados de un tono rogizo. Su rizado pelo color castaño caía sobre sus hombros, que se mantenían al descubierto, ya que llevaba un vestido negro con un escote de palabra de honor. La verdad es que le quedaba muy bien, era una chica bastante guapa. Al final yo tambien me estaba quedando embobado mirandola.
- Vaya, vaya, al parecer nuestros hijos han hecho buenas migas bien rápido, ¿no cree Lord Vandalam?- Dijo el señor Heatherfer levantandose de la mesa.- Bueno, vallamos a cerrar el trato Lord Vandalam, ¿su hijo vendrá?
- Claro, quiero que él chaval vea como son los negocios de su padre. Vamos hijo.
- Si.- Dije levantandome tambien.
Nos dirigimos los cuatro a la salida de la casa. Al llegar allí esperamos a que una limusina blanca nos recogiera.
- Buena suerte, padre.- Dijo Emily despidiendose de su padre con un abrazo.- Cuidese.
- Adios hija.-Dijo él besándola en la frente.
El señor Heatherfer y mi padre se metiron en el coche. Me disponía a hacer lo mismo, cuando Emily me detuvo agarrando la manga de mi americana.
- Hasta la próxima, Gray.- Dijo dandome un beso en la mejilla.
- A-adios.- Dije metiendome rápido en el coche.
Tenía la sensación de que la cara me ardía. Vi como Emily se despedía con la mano mientras nosotros marchábamos hacia aquel casino en donde ibamos a encontrarnos con los clientes de mi padre.
Cuando llegamos a las puertas de dicho lugar el señor Netter se encontraba allí de pie esperándonos.
Abrió nustra puerta y salimos los tres del interior de la limusina. Nos dirigimos hacia la puerta del edificio.
El señor Heatherfer y mi padre iban delante, el señor Netter y yo estabamos unos pasos más atras. Antes de entrar en el edificio el señor Netter me paró.
- Espera.- Me dijo agarrandome del hombro. Metió su mano bajo el brazo izquierdo.- Ten.- Dijo ofreciendome un arma metida en su cartuchera.
-¿ Que haces? ¿Para qué quiero yo un arma?
- Nunca se sabe y creeme, no eres el unico que la lleva.
Tomé aquella pistola en mis manos, era una M1911. El señor Netter me sonrió y continuó su camino. 
Me quité la americana y coloqué la cartuchera bajo el brazo izquierdo, volví a ponerme la americana y entré en el casino tras el señor Netter.
Ante mí no había más que pasillos de maquinas tragaperras, ruletas y de más maquinas que invitan al vicio y derroche. Luces, sonidos, gente, mucha gente se encontraba a mi alrededor. 
Nos dirigimos hacia una de las habitaciones privadas del piso de arriba, una señorita vestida con un atuendo un tanto peculiar, bañador rojo con medias negras, pajarita y orejas de conejo, nos llevaba hasta la sala.
Al llegar allí un hombre de más de sesenta años ataviado con una elegante vestimenta negra y gorro se levantó a darnos la bienvenida a la estancia. Dos hombre jovenes con pintas similares al anterior permanecian sentados, podía deducir, a pesar de las negras gafas que llevaban, como sus ojos estaban clavados sobre nosotros. Parecían los guardaespaldas de este hombre.
- Vandalam, Heatherfer... Bienvenidos.- Dijo extrechando las manos a estos dos adultos.- Sientense.
El hombre cojió un puro, le dió una calada y se dirigió hacia mi, revolviendome el pelo y hechandome todo el humo en la cara dijo:
- Tu... Pequeño Vandalam...- Murmuró como pudo con el puro en la boca.- ¿Qué tal estas?
-¿Disculpe?
El hombre rió a carcajadas. 
- Todo el mundo de este sector ya sabe de tu gran movida, ya sabes a lo que me refiero, tu secuestro y su continuado rescate. Toda una aventura, sin duda, ¿no, chaval?- Volvió a reir a carcajadas expulsando el humo.
- Si, bueno...- Dije evitando dejar salir una mueca, el olor del puro me daba nauseas.
Me senté en el sofá rojo junto al señor Netter, mi padre y el señor Heatherfer estaban situados en otro sofá a nuestra derecha y el hombre del puro y sus dos guardaespaldas en otro sofá justo en frente nuestra. La habitación quedaba tal que así: en frente de la puerta se encontraban los tres sillones en los que estabamos sentados, detrás nuestra en una esquina se encontraba una barra de bar y en la otra una mesa de pocker.
- ¿Y bien, maestro Chero? ¿Qué negocios son los que quiere realizar?- Dijo mi padre.
El hombre del puro, que al parecer era el tal Chero, hizo una señal a la conejita, quien con una botella de vino que sacó de la barra del bar comenzó a servir a todos, yo incluido, y cuando terminó dejó la botella sobre una mesa de cristal, que se encontraba entre los tres sofas, y salió de la sala. 
- Vandalam...- Chero dió una calada a su puro.- Mi querido amigo Vandalam.- Volvió a decir soltando el humo.-¿Qué es de tu hermoso imperio?¿Como va? Cuéntame.
- Divinamente, creo que esta en el momento de mayor explendor, al igual que yo. He recuperado a mi hijo, mis negocios van mejor que nunca... ¿Qué más puedo pedir, Chero? 
- Tal vez puede que solamente sea la calma antes de la tormenta que se avecina.- Contestó el hombre en tono amenazador.
De pronto la pacífica expresión de mi padre cambió.
- Bueno, Chero, ve al grano, no tengo todo el tiempo del mundo como para estar escuchando tus divagaciones.
- El maestro Chero quiere pedirte que transportes más de seis millones en negro a Irlanda.- Intervino el señor Heatherfer.
- Por supuesto que no sera gratis, se le pagará en efectivo por su trabajo.
-¿Pero qué estas diciendo? Yo no trabajo en el mercado de los transportes.
- Bueno, si lo piensas esto es transporte de dinero, después de todo el tráfico de dinero negro es vuestra especialidad querido amigo.- Respondió Chero.
-¿De cuanto dinero estamos hablando? ¿Cuales son mis veneficios?
- Si mi negocio en Irlanda sale bien... Digamos que usted amigo Vandalam se llevaria el treinta porciento de mis ganancias.

- Suena tentador, ¿qué piensa Netter?- Consultó mi padre.
- Opino que podría ser un gran negocio señor Vandalam, pero... creo que ncecesitaria la ayuda de otra familia más especializada en transportes. ¿No cree?
- Puede ser...- Murmuró mi padre.
- Jajajajajajaajaja.- Comenzó a reir a carcajadas el hombre del puro. Era una risa terrible, escalofriante, con ella tenía el poder de hacer temblar a cualquiera.- Vandalam, no me hagas reir por favor. Después de todo tenía que haber acudido a los Cavalone. Jajajajajaja.- Sus carcajadas taladraban mis oidos.- Ellos si que saben, ¿no crees? Por mucho que todo el mundo diga que los Vandalama son los dioses de la mafia Italiana, los Cavalone os pisotearan en cualquier momento, os arrebataran ese titulo de dioses que tu familia no merece. 
Aquellas palabras eran muy duras., ese hombre sin escrúpulos no paraba de insultar a nuestra familia, incluso después de pedirle a mi padre que haga un trabajo para él.
-¿Qué pretendes Chero?- Mi padre estaba comenzando a dar señales de cabreo, a cada segundo que pasaba su ceño estaba más fruncido.
-¿Yo? Nada amigo mio.- Dijo mostrando su sonrisa de dientes de oro.
- Chero, dejelo, ¿no quiere usted realizar el encargo a lord Vandalam?- Volvió a intervenir el señor Heatherfer.
-¿Pero que os pasa a todos? ¿Es que no teneis sentido del humor? Panda de incompetentes, no me extraña nada que Valerine os traicionara, después de todo los Vandalam no sois más que mierda.
Lo que sucedió a continuación ocurrió a la velocidad de la luz. Mi padre se levantó de golpe del sofá y apuntó con su arma a la cabeza de Chero, los guardaespaldas apuntaron uno a la cabeza de mi padre y el otro a la del señor Netter, este apuntaba a uno de los guardaespaldas y el otro era apuntado por el señor Heatherfer quien era apuntado por Chero. Un incómodo silencio dejaba oir el latido de mi corazón. Todos los hombres de aquella sala estaban apuntando y siendo apuntados, todos, sin excepción alguna salvo yo, que aun permanecía allí sentado observando aquella violenta escena.
-¿Y bien?- Dijo Chero.- ¿Qué pretendes conseguir con esta situación, jodido Vandalam? 
Al parecer aquella frase pareció ser la causa para la acción que estaba a punto de realizar mi padre. Sonrió, miró al señor Netter y entonces llegó el momento. El imperio Vandalam pasó a la acción. Mi padre golpeó el brazo con el que Chero estaba apuntando al señor Heatherfer y tambien en su pierna, entonces Chero calló al suelo. Los guardaespaldas, rápidos como el viento, atacaron a mi padre, este se giró y golpeó on el codo a uno de ellos en la cara e hizo que su nariz sangrara, lamentablemente el otro guardaespaldas se avalanzó sobre mi padre, tirandole al suelo y apuntandole a la frente con una pistola en la mano. El señor Netter se tiró sobre aquel hombre que estaba encima de mi padre y el señor Heatherfer estaba en una pelea cuerpo a cuerpo con el guardaespaldas con la nariz rota. Yo estaba paralizado, sin saber que hacer, todos ellos estaban peleando practicamente a muerte y yo permanecía aun ahí sentado en aquel sofá. "Un momento, ¿dónde esta Chero?" Pensé. Pero no tarde en encontrar la respuesta. Noté como alguien me agarraba por la espalda del cuello y me apuntaba con una pistola en la sien. Era él, ahí estaba.
-¡Vandalam!- Chilló él con todas sus fuerzas.-¡Mira! ¡Mira como tu querido hijo muere! ¡Contempla como te lo quitan ante tus ojos por segunda vez! ¡Aunque esta sera la definitiva!
-¡Gray!- Gitó mi padre intentando apartar a uno de los guardaespaldas que se encontraba encima suya.
"¡Bang!" El ensordecedor sonido de una bala retumbó en la habitación. Todos nos quedamos petrificados.
-¡Van-da-lam! - Trató de decir Chero. Pude notar como el brazo que estaba sujetando mi cuello perdia fuerza.
"¡Bang-bang!" Se oyeron dos disparos más. "¿Quien era? ¿Cómo ha sucedido esto si ninguno de los que estamos aqui a movido un dedo?" Pensé. Entonces los dos guardaespaldas calleron al suelo, dos balazos en la cabeza eran la prueva de su muerte.
- Vanda-lam... cabro-nazo...- Murmuró Chero- No te saldras con la tuya...- Calló al suelo, y otro balazo como el de los dos guardaespaldas comenzó a derramar sangre de su cabeza, bañando así el suelo de la sala.
-¿Estais bien?- Dijo la voz de una mujer a nuestras espaldas. Me giré para ver quien era.
-¿E-Emily?- Tartamudeé. Se encontraba de pie, tras nosotros con dos pistolas Heckler & Koch USP en sus manos, sonriente. Se acercó a donde yo me encontraba y se aferró a mi brazo.
-¿Estas bien, Gray? ¿Te han hecho algo?- Me dijo con su delicada voz. Aquellos ojos verdes estaban clavados en los mios, esa mirada me paralizaba.
- S-si, e-estoy bie-en, no pasa nada.- Conseguí articular a duras penas.
-¿Padre? ¿Señor Vandalam? ¿Netter? ¿Estan bien?
- Si, tranquila, solo son algunos rasguños, no es nada.- Dijo el señor Heatherfer mostrando una pequeña raja con un poco de sangre en su brazo.
- Sera mejor que salgamos de aqui antes de que venga alguien.- Apremió Netter.
Salieron los tres adultos de la sala. Emily soltó mi brazo y guardó una de sus pistolas em si escote y otra en una cartuchera que tenia enganchada en el liguero de su media, cubiarta con el vuelo del vestido. Volvió a agarrarse a mi brazo y salimos de la habitación siguiendo a los adultos. Bajamos al piso de abajo y vi como mi se apartó un momento de nosotros para dirigirse a uno de los hombre que repartiand cartas en una de las mesas de juegos. Le dijo algo al oido y vi como le pasaba un fajo de billetes. El hombre sonrió y mi padre volvió con nosotros.
-¿Ya le has dejado el trabajo sucio a otros, Grell?- Dijo el señor Heatherfer. Mi padre sonrió.
Pude ver como el hombre de la mesa de cartas llamaba a otro para que ocupara su puesto. Lugo subió las escaleras y marchó dirección a la habitación em donde había sucedido aquella matanza.
Salimos del casino y frente a nosotros se encontraba la limusina blanca en la que había venido hasta aqui.
-Llevanos a la villa Vandalam.- Le dijo mi padre al chofer.
Estabamos todos metidos en el coche y durante el trayecto nadie dijo nada, no se oía ni el más minimo respirar, un silencio sepulcrante invadia el coche y a pesar de la mudez que todos presentaban en sus rostros... parecían tan serenos... como si nada hubiese ocurrido. No podía entender como después de presenciar la muerte de tres hombres no estaban alterados ni lo más minimo, sobre todo Emily, que era la responsable de la muerte de esos tipos. Se la ve una chica tan tranquila, serena, que no ha roto un plato en su vida, dulce, sobre todo muy dulce... Esa fue la primera impresión que tuve de ella, pero al parecer era equivocada.


Llegamos a casa y Lavi nos recibió, condujo al señor Heatherfer, Netter y a mi padre hasta el despacho-biblioteca y Emily y yo subimos a mi habitación y nos sentamos en mi cama. Permanecimos en silencio sin decirnos ni una palabra durante unos diez minutos al menos hasta que Emily decidió romper el hielo.
-¿Sabes que?- Dijo ella.- A pesar de que te conozco desde que tenia cinco años esta es la primera vez que nos vemos.
-¿Y eso?- Pregunté.
- Mi padre y tu padre son amigos desde hace mucho tiempo y querian que nosotros estuvieramos juntos así que mi padre comenzó a hablarme de ti desde los cinco años. Me contó muchas cosas sobre ti, incluso me llegó a decir que eras un gran maestro con las armas y en la lucha cuerpo a cuerpo, pero si es asi... ¿qué es lo que te ha pasado hoy?
Esa pregunta me llegó de improvisto.
- Pues... bueno, ¿tu sabes lo de mi secuesto?
- Si, también se que has perdido parte de tus recuerdos... pero... no entiendo, el pelear es algo que no se olvida.
- Bueno, es complicado. Necesito tiempo.
Una pausa silenciosa llegó de nuevo. No entendia por qué esta chica parecia tan decepcionada por mi comportamiento ante aquella situación, ¿qué podía hacer yo? No tenía la culpa de que a causa de mi perdida de memoria mi inseguridad sea tan grande.
-¿Y qué tal vas?- Volvió a reanudar la conversación.
-¿A qué te refieres?
- ¿En estos dos meses que han pasado ya has conseguido recordad algo?
- Bueno, no mucho, solo cse cosas en plan información personal: nombre, edad y todo eso. Lo de mi pasado como mafioso me lo ha contado mi padre y poco más, también recuerdo un poco a una chica que aparece en algunas visiones pero al parecer ella ahora es una enemiga de la familia Vandalam y si a eso le sumamos que puede que este...
-¡No! ¡La Cavalone no!- Me interrumpió Emily.
- E-espera, ¿como lo sabes?- Pregunté un tanto aturdido.
- No puedes... No, Gray...- Dijo ella practicamente llorando, entonces Emily se abalanzó sobre mí y acabé tumbado en la cama con ella encima mia abrazandome fuertemente.- Olvidala Gray...
-¿E-Emily?


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