Me encontraba en el patio, frente a la moto. Metí la llave para arrancar, pero en ese momento apareció ella.
-¡Gray Fullbaster Vandalam III! ¡Preparate para morir!- Era Emily, había salido de la casa detrás de mí, aun en ropa interior y sus dos armas disparando a diestro y siniestro cerca de donde yo me encontraba.
Mi velocidad de reacción no fue la suficiente, antes de llegar a esconderme tras la moto una de las balas que Emily había disparado alcanzó a dar en mi brazo izquierdo.
-¡Ahhh!- Chillé agarrando mi brazo.
Asomé la cabeza por encima de la moto para localizar la posición de Emily pero antes de que me diera cuenta ella ya se encontraba justo encima mia, en el aire, a punto de caer sobre mí. Rodé hacia la derecha, justo a tiempo para evitarla. Pero no fue suficiente, porque milesimas de segundos más tarde ya tenía de nuevo una pistola apuntandome en la cabeza. Golpé el brazo con el que Emily me apuntaba y su arma calló al suelo.
-¡Muere! ¡Muere!- Berreaba ella.
Corría realizando digzags para reducir las posibilidades de que me alcanzara algún disparo.
Me tiré al suelo y rodé hacia uno de los arbustos, donde me escondí para preparar mi arma, pero en este día mi suerte resultaba ser tan pésima que hizo que tuviera el arma descargada.
"Mierda." Pensé."Antes de salir de casa tengo que asegurarme de llevar munición. Justo en un momento como este..."
No tenía mucha posibilidad de luchar contra un arma de larga distancia, no podía acercarme así a Emily sin ser herido de nuevo, pero no tenía otra opción más que esa.
Tras el sonido de los balazos se podía percibir una voz que maldecía una y otra vez mi existencia. Emily estaba fuera de sí.
"¿Qué puedo hacer?" Tenía que poner fin a esta situación. Entonces volví a oir en mi mente la voz de Jeamy pidiendo mi ayuda: "Buscame...no me dejes sola..." Tenía que ir rápido junto a ella.
-Sí, tengo que ir junto a Jeamy. Tengo que decirla lo que siento, que no quiero volver a perderla..."
Sin pensarmelo dos veces me armé de valor y salí de mi escondite corriendo hacia Emily.
Una de las balas rozó mi mejilla dejandome una pequeña raja de la que una hilera de sangre calló, pero no me importó, solamente corria hacia donde ella se encontraba. Otra bala dió en mi muslo derecho, casí pierdo el equilibrio en el momento del impacto del metal con mi piel, pero aun con el dolor continué. Continué corriendo hacia mi atacante, y cuando por fin llegué a ella en vez de golpearla... salté sobre ella y la abracé. Los dos caímos al suelo. Conseguí quitarla la pistola que aun la quedaba. y la lancé lejos de su alcance.
-¡Sueltame maldito desgraciado!- Chillaba ella intentando escapar de mí.- ¡Vas a morir!
- Lo siento Emily.- La susurré al oído.
Entonces noté como ella dejaba de moverse de bajo de mi. La solté, me separé de ella y la miré. Estaba inconsciente, normal, después de haberse llevado uno de mis puñetazos en el estómago y de una forma tan directa no era nada extraño.
- Duerme tranquila.
Miré el reloj de mi muñeca. Las doce y diez, llegaba tarde pero no podía irme y dejar a Emily en ese estado. Me quité la camisa y se la puse, después de todo aun tenía puesta la camiseta de tirantes negra. Cojí a Emily en brazos y a duras penas logré dejarla dentro de la casa, en uno de los sofás de la entrada principal y salí de la casa.
El pie y el brazo me ardían, salía mucha sangre, pero no importaba, tenía que lograr llegar hasta Jeamy, fuese como fuese.
Monté en la moto y fuí dirección al parque, iba todo lo deprisa que podía, pero ya era imposible llegar puntual.
· · ·
Miré el reloj. Mierda, ya eran las doce y media.
-¡No, no, no! ¡No puede ser!- Grité.
La barca se valanceó un poco. La luna se veía tan grande reflejada en el agua... era algo precioso, pero lo más bonito que esperaba encontrar en este lugar ya no estaba. No encontraba la barca de Jeamy por ningun lado del estanque, después de todo había llegado media hora tarde de lo que habíamos acordado, lo más logico es que ya haya vuelto a casa.
Cuando ya había perdido la esperanza de encontrarme con ella, al volver al puerto, la luna me ofreció lo que más deseaba, pero al parecer se encontraba inconsciente y tirada en el suelo.
-¡Jeamy!- Grité mientras remaba como loco hacia tierra firme.
Corrí hacia donde se encontraba, en su mano sostenía aquel rosario azul marino y que gracias a uno de sus diamantes la luz de la luna pudo reflejarse en él y mandar una pequeña señal de luminosa.
-¡Jeamy! ¿Estas bien? ¿Qué ha pasado? ¡Contesta, por favor!- Dije tomandola en mis brazos.
-¿Gray?- Contestó ella abriendo lentamente sus ojos.-¿Qué pasa?
-¡Oh! Menos mal que estas bien. No me des esos sustos. ¿Por qué estabas aqui tirada en el cesped inconsciente?- Pregunté alterado, aunque ella se mostraba tranquila y algo confusa.
-¿Inconsciente yo? Jajajajaja- Rió.- Solamente me he quedado dormida mientras te esperaba, solo eso.- Dijo incoorporandose.
-¿Durmiendo?- Menos mal, no la ha pasado nada. Me he alterado por nada, acababa de hacer el ridiculo delante de la chica que me gusta. Que penoso.- Pero...¿Por qué te has quedado aquí si veías que no llegaba?
- Tranquilo, ni que me fuera a pasar algo, además, tu me prometistes que vendrias y yo confio plenamente en ti.- Ella estaba sonriendo, mirandome con esos increibles ojos azules en los que enseguida me perdía.
Era el momento, estaba claro. Estabamos sentados el uno frente al otro en el cesped, bajo la luz de la luna... Tenía que decirla todo ahora. No se por qué muy bien si las ganas que tenía de besarla eran producidas por los efectos de la droga que aun permanecian en mí o por los impulsos de mi corazón, pero no quise darle importancia, era ahora o nunca.
- Jeamy, yo...- Comencé diciendo acercandome poco a poco a ella. Estaba a escasos milimetros de conseguirlo, pero entonces...
-¡Gray! ¿Qué es eso? ¡Estas sangrando!- Chilló ella.
Al parecer se había dado cuenta de la presencia de las heridas causadas por los disparos de Emily, aquellas pequeñas perforaciones... hasta ahora había olvidado su dolor, pero repentinamente, tras recordarmelo Jeamy el dolor pareció volver poco a poco.
- Tranquila, no es nada, estoy bien.- Dije tratando de calmarla.
Tenía todas mis ropas bañadas en sangre. Estaba empenzando a sentir mareos.
- No, es necesario que te vea un medico, estas sangrando demasiado.- Dijo ella abrazandome y no se equivocaba, a cada movimiento que realizaba parecía que medio litro de sangre abandonaba mi cuerpo.
Su vestido blanco comenzó a teñirse de rojo.
- Espera, Jeamy, tengo algo importante que decirte... veras... yo...
-¡No!- Dijo poniendo un dedo sobre mis labios.- Yo tengo algo más importante que decirte, he estado ocultandolo todo este tiempo porque al principio no sabia quien eras, pero ahora que lo se tengo que decirtelo, yo soy... yo soy... ¡Gray!
No pude oir lo que Jeamy estaba tratando de decirme, pues en ese instante perdí el conocimiento. Todo mi interior se revolvía, y aun así sin el control de mi conciencia, podía percibir a lo lejos los llantos de Jeamy.
· · ·
"Pi-pi. Pi-pi. Pi-pi. Pi-pi."
"¿Dónde estoy?" Abrí mis ojos y vi el alto y blanco techo de la sala en la que me encontraba. Giré mi cabeza hacia aquel pitido, era una maquina de esas que te controlan el ritmo cardiaco. "¿Una mascarilla también?" Pensé al intentar colocar mi mano sobre la nariz. Miré mi brazo derecho, tenía una via que suministraba sangre a mi cuerpo. Estaba otra vez en el hospital.
Bufé incorporándome en aquella camilla. Miré a mi alrededor. No había nadie, salvo una nota de papel sobre la mesilla de mi derecha. La cojí y la leí en voz alta.
-"Lo siento, Gray. Te quiero."
Estuve durante unos minutos contemplando el trozo de papel. ¿Qué era lo que significaba?
Una enfermera entró por la puerta con un carrito lleno de medicamentos y jeringuillas. Era la misma enfermera morena que me cuidó la vez anterior, Emma.
- Buenos dias, señorito. Al fin despiertas, nos tenías preocupados.- Dijo acercandose con el carro a la camilla.- A ver, dame ese brazo que te cambio la via.
La ofrecí mi brazo izquierdo. Entonces se me ocurrió preguntar a la enfermera por el trozo de papel.
-Oiga, ¿usted sabe quién ha dejado aqui ese papel?
- Claro, a sido una muchacha joven, con cabellos rubios y preciosos ojos azules. ¿Es tu novia, pillin?
"¡Jeamy!" Entonces a sido ella, pero... ¿Qué queria decir con lo siento? Tenía que verla enseguida y preguntarla.
En cuanto la enfermera soltó mi brazo di un salto de la cama, me arranqué del cuerpo todo lo que tenía enganchado y corrí hacia la puerta.
-¡Oye! ¡No puedes irte en tu estado!
Ignoré aquella advertencia y abrí la puerta, pero la imponente figura de un hombre ante ella detuvo mi huida.
-¿A dónde crees que vas?- Era mi padre.
-¡Tengo que buscarla! ¡Tengo que ir tras ella! ¿Dónde está?- Grité intentando encontrar un hueco por el cual escapar, pero mi padre me agarró del brazo.- ¡Suéltame! ¡Tengo que ir a buscarla!- Me agitaba intentando liberarme de él.
-¡No puedes salir en tus condiciones actuales! ¡Aun no te has recuperado de la anemia! ¡Llevas más de una semana inconsciente! ¿A dónde pretendes irte en tu estado? ¡Tu salud corre peligro!
-¿¡ Y eso qué importa!? ¡Ella es lo más importante para mí! ¡Incluso más que mi vida!- En ese momento noté como mi padre dejaba de hacer fuerza con sus brazos. Le mirñe y vi como alzó su brazo derecho y llevó la palma de su mano contra mi cara. La bofetada que me acababa de dar me había dejado atónito, sin palabras, desconcertado. Allí estaba, aturdido, con la mejilla roja y mirando al suelo.
-¿¡Cómo se te ocurre decir eso!? ¿¡Acaso sabes lo mal que lo pasó tu familia cuando te perdimos!? ¡No tienes ni la más mínima idea del valor de una vida! ¡Ni se te ocurra decir que algo o alguien es más importante que tu vida! ¿¡Me oyes!? ¡Nunca!- Hizo una breve pausa.- Ahora más te vale meterte en aquella camilla y no salir de ella hasta que yo te lo diga.- Y diciendo esto se fué.
Yo seguía ahí, de pie, con la misma postura cabizbaja, aún desconcetado por lo que acababa de pasar. Entonces Emma se acercó a mi.
-¿Estas bien?- Preguntó intentando acercar su mano a mi roja mejilla.
-Perfectamente. - Contesté agarrando su mano para evitar que me tocara.-¿Podrías dejarme solo? Por favor.
- Claro, como quieras.
Emma cojió su carrito cargado de medicinas y jeringuillas y se marchó.
Me dirigí a la mesilla y cojí aquella nota que Jeamy había dejado para mi. "Lo siento..." ¿Qué era esto que sentia? Debía encontrarla pronto y preguntarla. "...Te quiero." Necesitaba que me explicara el significado de esta nota.
· · ·
- Venga, chaval... animate un poco.
-Si, genial, vamos al gimnasio.
- Pero... ¿A qué se debe tanta ironia? Hace unos dias estabas encantado con la idea, ¿Qué es lo que te pasa ahora?
- Da igual.
Iba montado en la limusina con el Señor Netter camino a un gimnasio de alto estatus. Hace medio mes casi pierdo mi vida a manos de un viejo y a pesar de tener buenas habilidades para defenderme no estoy muy seguro de mi mismo aun como para aplicarlas en los momentos cruciales, así que decidí que para recordar de nuevo la sensación de una pelea tenía que entrenar, y aqui estoy, camino a ese gimnasio, dos dias después de que me dieran el alta totalmente recuperado de mi anemia.
- Venga, Gray...¿Tanto te preocupa esa chica?
No contesté. No queria hablar de Jeamy, ya hacían nueve dias de lo de la nota y aun no he dado con ella. La he estado buscando noche y dia en el parque, en nuestro rincon del estanque... incluso he preguntado al hombre de la caseta de las barcas, pero nada. Es como si se la hubiera tragado la tierra. Esta situación esta acabando conmigo, no puedo seguir así.
"Buscame." Ella me decía eso una y otra vez en mi mente, pero ya no la oía, en cambio su imagen permanecía constantemente en mi cabeza, intacta, como si la tuviese en frente.
- Ya hemos llegado.- Dijo el chofer.
El Señor Netter y yo bajamos del vehículo.
- Ve adelantandote.- Me dijo.
Dí unos pasos a delante y me paré a las escaleras del edificio, este era gris, con grandes ventanales desde los que se podía ver a algunos hombres machacandose con los sacos de boxeo, las cintas de correr y de más aparatos para hacer ejercicio y ponerse en forma. El gran portón marrón de la entrada tenía un cartel en el que ponía el nombre de aquel lugar y de los dueños de este.
- Venga, vamos.- Dijo Netter dandome una palmada en la espalda.- Animate, hombre, hay muchas más mujeres en el mundo y de todas formas tu estas prometido con la señorita Emily. No le des más vueltas.- Netetr entró al edificio.
- Si, como que yo me voy a casar con esa loca.- Murmuré. Subí aquellos escalones y yo también entré en el gimnasio.
Allí encontré al Señor Netter hablando con la recepcionista, al parecer la estaba dando mis datos.
-¿Su nombre? Vandalam, Gray Fullbaster. Hijo de Grell Vandalam. Dieciseis años de edad. ¿Necesita algo más?
- No, el resto de datos ya los tenemos junto con la ficha de su familia. Espere un segundo. Aqui tiene.- Dijo aquella mujer dandole una targeta electrónica.- Esta es su targeta de socios vip, que le permite acceso a su sala privada en el sotano, la llave y el resto de documentos se encuentran aqui.- Le dió un sobre marrón a Netter.
- Vamos Gray.- Me indicó él con un gesto con la cabeza.
Nos dirigimos hacia un pasillo, este era estrecho, apenas podían pasar dos personas a la vez. Según ibamos adentrandonos en él comenzamos a ver numerosas puertas con diversos números escritos en ellas, estas puertas debían ser la entrada a cada una de las salas privadas de entrenamiento.
- Aqui es.- Dijo Netter deteniendose ante una de las puertas en la que tenía escrito el numero 88 en grandes numeros blancos. Netter introdujo la llave en la cerradura y entró.- Sala 88, esto es solo tuyo.
"88..." ¿De qué me sonaba aquella cifra? Tengo el presentimiento de que la he oido decir alguna vez a alguien importante para mi...
- Vamos, Gray, ¿piensas estar todo el dia empanado?
- No, tranquilo.- Dije entrando en aquella sala.
Esta era como un gimnasio entero, tenía en una esquina un ring de boxeo. En otra había todo tipo de maquinas para hacer ejercicio y en el resto de la sala se encontraba un gran tatami o algo por el estilo. Al fondo de la sala se veía una puerta que se encontraba entreabierta y se podía ver su interior a la perfección: había unas duchas y diversos espejos en las paredes, a parte de retrete y lavabo.
- Bueno, ¿empezamos?- Dijo sonriendo Netter. Parecía que este tipo de cosas le emocionaban bastante.
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