Ya ha pasado una semana y aun sigo en el hospital debido a que al parecer mi cuerpo aun tiene ciertos sintomas de fatiga, pero al parecer mañana ya me dan el alta. En cierto modo me alegraba, pues podría volver a mi casa con mi familia, pero si me iba no tenia la seguridad de poder volver a ver a Jeamy. En esta semana que he pasado junto a ella todos mis males fueron olvidados, mi oscuro pasado como mafioso, las horribles visiones... incluso llegué a olvidarme de aquella chica del cuadro, la hija de Cavalone. Todos los dias bajabamos a aquel estanque, en donde la ví por primera vez. Charlabamos y nos lo pasabamos muy bien y por supuesto hoy no iba a ser diferente.
- Hace fresco, es agradable que de vez en cuando sople algo de viento.- Decia ella.
Estabamos sentados sobre el cesped contemplando a la gente que navegaba sobre el agua con las pequeñas barcas.
-¡Hey! Llebamos una semana entera observando como la gente monta en las barcas, pero nosotros aun no lo hemos hecho.
-¿Quieres montar?- La pregunté.
Jeamy se levantó.
-¡Si! ¡Venga, vamos!- Dijo tirando de mi brazo.
- Pero espera, habrá que pagar para ello. ¿A caso tienes dinero aqui?
Jeamy me arrastraba a la cabina de alquilado, contenta, sonriendo.
- Tranquilo, tu dejamelo a mi, conozco al dueño.- Llegamos al pequeño puerto.- Tu quedate aqui eligiendo una barca. Ahora vengo.
- De acuerdo.
Vi como Jeamy se alejaba hacia la caseta. Sonrió al hombre que había en ella y se puso a hablar con él. Luego señaló hacia donde yo me encontraba, el hombre dijo algo a Jeamy mientras acariciaba su cabello y segundos después ella estaba de nuevo junto a mi.
-¿Pero aun no has elegido ninguna?- Preguntó.
- No se, es que a mi me da igual. Escoge tu la que más te guste.
- Bien, pues... esta misma.- Dijo señalando uno de los botes.- Venga, montemos.
Subimos a la pequeña barca, y nos sentamos cada uno en un extremo. Cojí los remos y comencé a remar.
-¿A dónde vamos? He oido que este estanque es bastante amplio, que hay varias rutas para seguir. ¿Conoces alguna?
-Mmm... La verdad es que sí que conozco una, bueno, en realidad no es que la conozca del todo, ya que desde que perdí mi memoria no he ido por allí, pero en uno de mis recuerdos aparezco en esa ruta con un amigo de mi infancia. Más o menos se como se va y siempre he querido ir allí.
- Bien, pues iremos allí. Tu me guias.- La dije sonriendo.
-¡Si!
Jeamy iba guiandome por los pequeños caminos acuaticos que había. No tardamos mucho en llegar a nuestro destino. Al salir del riachuelo desembocamos en un pequeño estanquecito con juncos y nenúfares, era un sitio maravilloso, lleno de vegetación, podían percibirse los miles de olores de la gran variedad de flores que había en el lugar. Remé hasta llegar justo al medio del estanque, donde nos detuvimos.
- Este sitio... es increible...- Dije anonadado.
-¿Verdad que si? Es más increible de como lo recordaba.
-¿Y con quién viniste antes aqui?
- La verdad es que no lo sé. Este chico aparece en la mayoria de mis recuerdos, pero nunca veo su rostro en mi mente siempre aparece difuso. Pero lo que si sé es que era un gran amigo mio. Pero por desgracia no hay forma alguna de que pueda encontrarlo.
En ese momento recordé a la chica de mis visiones. Jeamy y yo nos parecemos mucho, tras perder nuestro recuerdos poco a poco hemos tenido que ir descubriendo fragmentos de nuestro pasado, la mayoria confusos. Los dos teníamos a alguien especial en nuestro pasado y que jamás volveriamos a encontrarlo.
Alcé la vista para mirar a Jeamy. Tenía un rosario azul en la mano, lo miraba con un cierto grado de ternura.
-¿Qué es?- La pregunté curioso.
- Es un rosario. Me lo dió mi madre.
- Hablando de tus padres, ¿cómo es que no han venido a visitarte aun?
- Bueno, tampoco es que haya venido nadie a verme. Solamente Sebastian.
-¿Sebastian? ¡Ah! Claro, tu abuelo, ¿no?- Recordé que un dia que estabamos en la habitación un hombre viejo entró a visitarla.
-¿Abuelo? No, no es nada de eso. Él.. él es mi unico amigo, él es quien ha estado siempre junto a mi desde que puedo recordar.
-¡Oh! Vaya. Pero no se, aun así se me hace raro que tus padres no vengan. Es lo mínimo que podrían hacer por su hija enferma.
- Mi padre no puede venir a visitarme debido a su trabajo. Le mantiene ocupado demasiado tiempo, es normal, de todas formas estoy acostumbrada a ello. Y en cuanto a mi madre... ella esta muerta.
-¡Lo siento! ¡De verdad que lo siento!- No debí haberla preguntado.
- No tienes por qué disculparte. No es culpa tuya que ella haya muerto. De todas formas no puedo ni acordarme de como era. El único recuerdo suyo que tengo es este rosario.
En ese momento me puse a pensar en la ansiedad que debe sentir alguien que no recuerda a su madre, a la persona que le concedió la vida, y eso me llevó a la conclusión de que yo tampoco sabía nada de la mia.
Ahora que lo pienso, ¿dónde estará mi madre? ¿Estará viva? Nadie me había hablado aun de ella, no sabia nada. ¨En cuanto llegue a casa tendré que preguntarselo a mi padre.¨ Pensé.
-Gray...-Dijo entre susurros Jeamy.-¿Podrías hacerme un favor?
- Claro, dime.
-¿Podrías ponerme el rosario?- Dijo entregandome el pequeño colgante.
- Date la vuelta.
Jeamy se colocó de espaldas a mi. Levantó sus rubios tirabuzones dejando al descubierto un blanco cuello.
Alcé mis brazos para colocar el colgante en su cuello. En ese momento, una ráfaga de viento provocó que el agua del estanque balanceara la barca.
Me agarré a uno de los laterales para poder mantener el equilibrio y no caerme, pero a causa de eso el rosario se escurrió de mis manos con tan mala suerte que acabó en el agua.
-¡No!- Gritó Jeamy. Y acto seguido se lanzó al agua a recuperar su preciado colgante.
-¡Jeamy!- Me temia lo peor, Jeamy aun no estaba recuperada del todo, puesto que sus defensas son bajas y su cuerpo muy debil.
La agarré de uno de los brazos y entonces descubrí que se encontraba sentada en el fondo del estanque, apenas cubria el agua en el lugar en el que estábamos.
Ella me miró con sus grandes ojos azules abiertos de par en par, en una mano tenía su preciado rosario y la otra estaba agarrando fuertemente la mia. Nos miramos y comenzamos a reirnos a carcajadas. En ese momento cerré mis ojos tan solo un instante y una serie de imagenes pasaron por mi cabeza.
Me encontraba en este mismo lugar, estaba con aquella niña pequeña del cuadro, con la hija de Cavalone, estábamos los dos subidos en una barca como esta y a la pequeña se le calló algo al estanque y se lanzó al agua a por ello. ¨¡No! ¡Cuidado!¨ Gritaba el pequeño Gray de mi visión agarrando la mano de la chica. Ella me miró, sonrió y me mostró algo que había en el interior de su puño, aun que no puede ver lo que era. Supuse que habría conseguido cojer aquello que se le cayó.
Abrí mis ojos, ¿acababa de tener esta visión a causa del deja vù?
Miré a Jeamy. Su mirada estaba perdida.
-¿Jeamy?
-G-Gray... ¿Qué ha sido eso? ¿Tu tambien lo has visto?
Un momento, ¿cómo es posible que ella también lo haya visto?
-¿Qué es lo que has visto?- La pregunté. Entonces Jeamy perdió la conciencia y se desmayó.-¡Jeamy!- Salté de la barca al agua, donde se encontraba ella. La cojí en brazos y la metí en la barca, subí yo también y comencé a remar a toda prisa hacia el puerto.
Corrí hacia el interior del hospital con ella en brazos, por mucho que lo intentara no la conseguía hacerla despertar. Allí los médicos de urgencias la atendieron. Me dijeron que no me preocupara, que simplemente había sido una bajada de tensión debido al cambio de temperatura al entrar en el agua.
Volví a mi habitación, en donde encontré a mi padre sentado esperando en el sofá.
-¡Gray! Al fin apareces.- Dijo él.-¿Qué haces? Estas empapado. Vamos, cambiate rapido o tendras que pasar otra semana más aqui por un tonto catarro.
- La verdad es que no me importaria.- Murmuré.
-¿Has dicho algo?
- No, nada, olvidalo. De todas formas, ¿qué haces tu aqui? Hoy no es dia de visita.
- Claro que no estoy de visita, he venido para llevarte a casa.
-¿A casa? Espera, el alta me lo dan mañana.
- Lo han adelantado. Ya estas completamente recuperado, no necesitas seguir aqui. Recoge tus cosas y vamonos.- Dijo él levantandose del sofá.
- No, pero, no voy a poder despedirme de ella.- Dije mirando la camilla vacía de Jeamy.
-¿De quién? ¡Oh! Si, esa amiga tuya, aun no la he podido conocer, bueno, no importa. Dejala una carta o alguna cosa de esas. Date prisa, te estaré esperando abajo en el coche.
-Pero...- Ya era inutil decir algo, mi padre ya había salido por la puerta.
No me lo podia creer, después de tanto tiempo esperando poder conocerla y ahora me tendré que separar de ella y sin poder despedirme.
Busqué en el cajón de la mesilla que se encontraba a la izquierda de la camilla y allí encontré un cuaderno, varios bolígrafos y mi cepillo de dientes.
Arranqué una de las hojas del cuaderno y comencé a escribir:
¨Querida Jeamy:
Esta última semana que he pasado contigo a sido la mejor que he podido tener desde que perdí mi memoria, siento decirte esto así, pero tengo que marcharme ya, el alta me la dan hoy y no como estaba previsto, así que siento no haber podido despedirme de ti en persona. Me encantaría volver a verte, se que va a ser dificil, pero mantengo la esperanza de que algún dia podamos volver a encontrarnos.
Besos, espero que te recuperes pronto y salgas cuanto antes del hospital.
Gray Walker¨
Doblé la hoja de papel y la coloqué sobre la mesilla que ella tenía. Recogí todas mis cosas y salí de la habitación.
Cuando salí del hospital encontré a mi padre esperando junto al señor Netter con el coche en frente de la puerta. ¿Tenía que ir montado en el mismo coche que ese hombre? No me apetecía para nada.
- Ya estoy aqui.- Dije al llegar.
El señor Netter se acercó a mi para coger la mochila que llevaba en mi mano, y como una especie de acto reflejo, la aparté y le miré con mala cara.
- Tranquilo.- Dijo él con su grave voz.- No es como si fuera a violarte.
Mi padre comenzó a reirse a carcajadas mientras se metia dentro del coche por la puerta de atrás. Usé la puerta del lado contrario de mi padre y el señor Netter ocupó el asiento del conductor.
Ya llevábamos medio trayecto recorrido y entonces fue cuando al ver por la ventanilla a una madre columpiando a su hijo en un parque me recordó aquella cuestión que tenía sobre el paradero de mi madre.
- Papa, ya me has contado la historia de mi pasado. Me has hablado de ti, de Louise, de Nate e incluso se algo del pasado de Lavi. Pero... ¿Qué hay sobre mi madre?
Nada más formular la pregunta el señor Netter pegó un frenazo.
-Lo-lo siento Señor Vandalam.- Dijo este. Y volvió a reanudar el paso.
-Tu madre nos avandonó, humilló el honor de la familia y se largo a vivir la buena vida a EE.UU. nada más pasar cinco años de tu nacimiento. Dijo que estaba harta de este mundo, harta de todo este lio que había entre los mafiosos. Se fue... ya ves. Nos dejó a los cuatro aqui tirados. A Nate, a Louise, a ti, a mi...
- ¿Tenemos alguna foto suya o alguna clase de recuerdo que pueda ayudarme a recordarla? Me gustaria saber como era.
-¿A qué se debe este repentino interes?
- A nada en especial, solo curiosidad.
- Bienvenidos.- Dijo Lavi abriendonos la puerta principal de la casa.- Bienvenido de nuevo, Gray.- Sonrió ella.- A pasado ya un tiempo desde que nos veíamos.
- Si, han sido unas cuantas semanas.
- Tenías ganas de llegar ya a casa, ¿no?- Dijo ella mientras tomaba el abrigo de mi padre y cerraba la puerta.
- Si, bueno, más o menos.
- Claro, ¿cómo iba el chiquillo a querer volver a casa estando allí su novia?- Dijo mi padre riendo.
-¡Papa! ¡Deja de decir tonterias! ¡Jeamy es una buena amiga!
- Si, claro, eso deciamos todos a tu edad.- Dijo él mientras subia al piso de arriba por las escaleras.
- Lavi, tu me digiste que llegaste a esta casa desde muy pequeña, ¿cierto?- Cambié rotundamente el tema.
- Si, asi es, ¿por qué lo mencionas ahora?- Dijo andando por el pasillo que llevaba a los cuartos de los asistentes de la casa.
-¿Tu llegaste a conocer a mi madre?
- Si, a la Señorita Walker, claro que la conocí, cuidó de mi como a una hija.
-¿Sabes... si hay alguna foto o algo en donde pueda ver como era ella? Por favor.
- Si, si la hay, en la habitación del Señor Vandalam, justo encima de su cama, hay una foto en la que apareceis los tres.
-¡Genial! ¡Vayamos a verla!
-¡No! ¡Imposible! El paso al cuarto del señor esta restringido a todo el mundo excepto para el señor Netter.
La repentina y agitada respuesta de Lavi me pilló por sorpresa.
Continuamos caminando por el pasillo hasta llegar al fondo, en donde pude ver que las marcas de las balas y el resto de los destrozos habian sido torpemente reparados. No sabía muy bien porqué, pero aquella pasta blanca estaba tapando parte de mis recuerdos, y eso me molestaba, no queria que fueran eliminadas las pocas piezas que me conducian hasta mi pasado.
-Gray, vamos, pasa.-Dijo Lavi mientras mantenía sujeta la puerta de un cuarto que habia en uno de los lados del pasillo.
Pasé. Ante mi se encontraba una habitación de un tamaño más o menos normal, aunque si lo comparabas con mi habitación tan solo representaba una de las esquinas.
En ella no se encontraban muebles ni nada que fuera de lujo, lo básico que se puede encontrar en una habitación de una persona normal con un sueldo y trabajo normal.
-¿Y esta habitación?- Pregunté.
- Esta es mi habitación, mi pequeño espacio. Ya se que no es nada en comparación a la enorme habitación que tu posees, pero bueno, es suficiente para alguien como yo.
Lavi colocó el chaquetón negro de papa sobre una mesa, ella se sentó en una silla que se encontraba en frente y comenzó a coser algo en el brazo derecho.
- Lavi, veras...
- No, Gray, espera. Me gustaria pedirte perdón por la contestación que te he dado antes, pero es necesario que sepas la importancia de no entrar en esa habitación. El señor es muy estricto respecto a ese tema. ¿Lo has entendido?
- Si, tranquila. Pero, lo que queria preguntarte ahora era si hay alguna otra foto en la que aparezca mi madre a parte de esa.
- Si, estoy segura de que tu tenías alguna por tu habitación, pero eso ya es cosa tuya. Anda, ve a buscarla a ver si con suerte la encuentras.
- Esta bien.- Dije saliendo a prisa de su habitación.
Subí corriendo las escaleras principales en dirección a mi cuarto, pero en el camino me crucé con Louise.
-¡Gray! Que alegria, al fin en casa. ¿Te encuentras mejor? Por favor, no vuelvas a darme esos sustos.
- Si, si. Veras, llevo un poco de prisa. ¡Adios!- Dije despidiendome de ella mientras corría por el pasillo.
- Vaya, se le ve muy bien.- Alcancé a oir a Louise mientras cerraba la puerta de la habitación.
Bien, ya estaba aqui, ahora, ¿por dónde deberia comenzar a buscar? ¡Pues claro! En la caja que hay debajo de la cama.
Me tiré al suelo, saqué la caja de su rincon y comencé a rebolver su interior en busca de alguna pista de mi madre.
Busqué y rebusqué, pero solamente encontré aquel cuaderno de cuero, las cartas y aquellas dos fotos. No había nada más. Bolqué la caja con la esperanza de que algo callera, cualquier cosa, pero no era asi. No había nada más en aquella caja. Comencé a guardar todo de nuevo cuando de repente, al cojer el taco de cartas, calló de él un pequeño diamente blanco.
-¿Y esto?- Dije observando el pequeño objeto.
Lo metí en el interior de la caja y la cerré. Al parecer no había ninguna pista a cerca de mi madre aqui.
Volví a guardar la caja bajo la cama y me tumbé sobre esta boca arriba mirando el techo, pensando en cómo podía averiguar algo más sobre mi madre, quería saber algo de ella, pero sabia que por mucha curiosidad que tuviera no podía entrar en la habitación de mi padre.
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