jueves, 1 de septiembre de 2011

XIV - Todo ya da igual.

En este momento no sabía muy bien que sentía, un remolino de emociones confundía mi interior, era un zombi en aquel momento. Me encontraba en el suelo, de rodillas, con el rostro pálido, confundido por aquel nombre y apellido. No era posible. Ella... No, Jeamy no puede ser una Cavalone, aquella niña del cuadro de la escalera principal... era Jeamy. Aquella chica que aparecia en mis visiones, aquella que fué disparada en el estomago, aquella que se calló siendo una niña al lago y la salvé ... era Jeamy. Aquellas cartas que se encontraban en el interior de la caja que hay bajo mi cama... eran de Jeamy.
Jeamy es la hija de Allen Cavalone, el mayor enemigo de los Vandalam... No, me negaba a creerlo. Ella era la chica que me vendió cuando tan solo tenía catorce años a cambio de la felicidad de su padre, a cambio del falso amor de un ser que la despreciaba me traicionó. No, no...Ella no...
- ¡ELLA ES LA CULPABLE DE TODO! - Seguia diciendo mi padre.
Claro, ahora todo encaja. Jeamy me contó cuando nos conocimos en el hospital que ella también perdió la memoria, no fue por ese accidente en las escaleras como me dijo, estoy seguro que fue por algo parecido a lo mio. Dos visiones que tuve sucedieron cuando ella estuvo cerca mia: aquella visión que tuve cuando la ví por los pasillos del hospital, antes de conocernos y aquella que tuve cuando a ella se le calló el rosario al agua, ese dejavú. Su padre no fue a verla al hospital porque no la acepta como su hija. "Lo siento Gray..." Se ha marhado porque es una Cavalone y yo un Vandalam...¿Por qué? Siento... Siento que mi corazón rebosa de alegría, ya que por fin se que aquella amiga del pasado desconocida a la que di por muerta esta viva y que al fin he conseguido aferrarme a un dato para poder buscar a Jeamy. Por otro lado siento rabia y enfado, pues ella a estado a mi lado este tiempo sin contarmelo y luego desapareció sin dejar rastro alguno. Siento frustración , pues la persona a la que más amo es mi mayor enemiga, la que en un pasado me sonrió y luego apuñaló. ¿Qué puedo hacer?  Siento el peso del mundo derrumbandose sobre mi. ¿Por qué? Yo solo quiero una vida normal, nada de mafiosos, pistolas, peleas... simplemente quiero salir a la calle y quedar con mis amigos sin llevar a mi lado una pistola deseando ser disparada al más mínimo movimiento de traición por parte de estos.
- ¿¡ POR QUÉ ESTABAS DE SU PARTE GRAY!? ¡SOLO DIME POR QUÉ RAZÓN! - Los gritos de mi padre... apenas los oía. Mi mente estaba nublada, mi corazón herido, mi cuerpo inmovil y mi alma destrozada.
Alcé la mirada al cielo, noté como una timida lagrima apareció en mi rostro y recorrió lentamente mi mejilla hasta llegar a mi barbilla donde precipitó sobre mis manos posadas en mis rodillas.
- Jea-my... - Susurré cerrando mis ojos.
- ¿Gray?
Otra lagrima apareció en mi otro ojo y siguió el mismo recorrido que la anterior.
- Jea-my...
El cielo comenzó a ponerse oscuro, negras nubles cual carbón aparecieron en él. Un relámpago remplazó durante unos segundos el inmenso silencio y luego apareció su respectivo rayo iluminandolo todo con su luz.
- Jea-my...
Una gota caida desde el cielo aterrizó sobre mi cara, a los pocos segundos le siguió otra, y luego otra más, hasta desatarse una tormenta.
Una leve sonrisa apareció en mi apagado rostro. El cielo estaba llorando conmigo, alguien de allí arriba me comprendía y quería demostrarme que no solo yo siento dolor.
Aquellas gotas de lluvia y mis lagrimas recorrian a toda velocidad mi cara. Estaba empapado, pero no sentia el frío, todo, en esos instantes, pasó a un segundo plano.
- Gray... oye, Gray... ¿Qué pasa? - Dijo mi padre zarandeandome. - Vamos a dentro que a comenzado a llover.
¨¿Y qué?" Pensé. "¿ Y qué si llueve? ¿Y qué si mañana se acaba el mundo? Todo ya da igual"

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