Ya eran las diez de la mañana. Después de tomarme mi desayuno ha subido al piso de arriba, desde temprano he comenzado a recorrer los pasillos de arriba a abajo, observando cada cuadro que encontraba milímetro a milímetro, esperando poder encontrar alguna pista sobre mi madre, esperando que alguna de las caras de esos cuadros me resultase familiar.
Había pasado ya media hora y me encontraba en la zona del pasillo en el piso de arriba en donde estaba la puerta del despacho de mi padre, aquella enorme biblioteca en donde comencé a descubrir mi pasado.
El señor Netter se encontraba vigilando esta puerta. Cuando pasé delante suya me di cuenta de como sus ojos taladraban mi nuca con su mirada.
- Nenaza...-Oí su susurro.
- Gorila...- Le devolví el insulto sin tan siquiera girarme para verle su cara de primate.
- Ten cuidado, agarraté los pantalones, no valla a ser que me entre otro impulso e intente violarte de nuevo.
- Quien sabe.- Le dije siguiendole la broma mientras me agarraba los pantalones.
Continuaba mirando los cuadros y el gorila también continuaba mirandome a mi. Ya habían pasado más de quince minutos, y él continuaba mirandome, sin a penas parpadear. Esto ya era acoso.
-¿Tienes algún problema conmigo?
-Yo no. ¿Y tu conmigo?- Me respondió desafiante.
- No soy yo el que esta mirando como un acosador al otro.
- Hombre, ¿es que no te has dado cuenta aun? Me gustas mucho.- Dijo él guiñandome un ojo.
-¿Puedes dejar ya esa broma?
-¿No fuistes tu quien la inventó?
- En serio, no tienes ni pizca de gracia.- Le dije con un tono de desprecio.
Continué explorando los cuadros de los alrededores, observandolos con detalle uno a uno. Había de todo tipo de rostros, de todas las edades. Entonces encontré uno en el que aparecíamos la pequeña Cavalone y yo. Estabamos sentados, siendo casi engullidos por la enorme cantidad de flores y de más fauna del campo en el que la foto fue tomada. Tras nosotros se encontraba un lago. "¿Será el lago que hay en frente al hospital?" Me pregunté.
- Hey, nenaza. ¿Es cierto que estas interesado en la Cavalone?
-¿Y qué si es así? Eso no te incumbe.
- También me he enterado de que ya sabes cosas de tu pasado, esas, las que estan relacionadas con el trabajo de tu padre.
-¿Me espias o algo?
- No, chaval, pero resulta que yo soy la mano derecha de tu padre.
-¿Y a mí qué?
- Pues nada, pero que sepas que yo soy los ojos y oidos de tu padre. A parte, también protejo su vida.
-¿También eres su guardaespaldas?
- Así es.
- No, si pinta tienes. Con ese cuerpo de gorila...
Me giré, continué contemplando aquel cuadro, a la espera de que alguna visión apareciera ante mi, para averiguar más de ese lugar y así tal vez recuperar algo más de mis memorias perdidas.
-¿Qué es lo que buscas?- Volví a oir tras mi espalda.
-¿Cómo?
-¿Que crees que vas a ganar buscandola? Cuando la encuentres... ¿Qué crees que vas a conseguir con ello? No lo entiendo.
- Satisfacción. Se que no voy a ganar nada pero ella es parte de mi pasado, quizas ella pueda ayudarme a recordar.
-¿Ayudarte? No me hagas reir, esa chica es capaz dde hacer cualquier cosa por su padre, si él quiere que mueras ella te matará sin ningún remordimiento.
- Me da igual, no me importa.
-¿Quieres saber donde esta? - Soltó de repente el gorila.
-¿El que?
- Ese descampado, el del cuadro.- Dijo señalandolo.
-¿Sabes donde esta?
- Por supuesto, yo mismo estuve presente en el momento en el que esa foto fue tomada.
- Llevame ahora mismo.- Dije con voz autoritaria.
Me di la vuelta y me dirigí con paso seguro y decidido hacia las escaleras.
- Sí, mi señor.
"Sí, mi señor." Aquellas palabras resonaron en mi mente. De la nada, una serie de imagenes aparecieron. Me encontraba en un vestíbulo de paredes color burdeos, había un pequeño espejo bañado en oro. Llevaba un esmoquin de color negro con corbata roja y el pelo bien engominado hacia atrás. "Sigueme" Dije. "Por supuesto, señor." Contestó un hombre de gran musculatura a mi espalda a la vez que se giraba. Era el señor Netter. "Tenga, su arma." Dijo este ofreciendome una SIG-Sauer P220. La tomé de sus manos y la metí en la cartuchera de mi americana ofreciendole al señor Netter una sonrisa. "Adelante, compañero."
- Hey, nenaza. ¿Qué te pasa? Te has quedado de piedra.- Dijo Netter dandome un golpe en el hombro izquierdo.- Vamos.
-¿Eh? Si, claro.
Nos dirigimos hacia las escaleras y bajamos en dirección a la puerta principal. Al salir, en la entrada, un descapotable negro estaba ante nosotros.
- Monta.- Dijo señalando el asiento del copiloto mientras él ocupaba el del piloto.- Bueno, ¿nos vamos?
Entonces comenzamos nuestro viaje.
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