sábado, 3 de septiembre de 2011

II - Dos balas, una familia.

Lavi acababa de aparecer de una de las habitaciones.
- ¡Gray! ¿Estas bien?
- No... ¡Argg! Mi cabeza... acabo... de tener alfo así como una visión. Estaba yo aqui, en esta esquina del pasillo, con una chica y...- Oía los pasos de alguien que se acercaba, era Louise y un hombre de unos treinta y dos años.- ... y la estaba protegiendo de unos hombres y...
- Vaya, parece ser que el niño comienza a recordar algo.- Decía este mientras miraba a Louise. Esta intentaba evitar mi mirada, pero ¿que era lo que habia hecho yo? No tenía motivos para enfadarse conmigo.- No me he presentado, soy Nate, y soy tu hermano mayor. Bueno, bueno.- Dijo frotandose las manos.- Cuentame más sobre la visión que has tenido.
- Nate.- Dijo Louise.
- ¿Qué?- Louise no dijo nada, solo miró a Nate.-En fin, querido Gray. ¿Que tal si me acompañas a mi habitación y me cuentas tranquilamente lo que has visto?
Nate me ofreció su mano para levantarme del suelo. La cogí.
- Nate.- Volvió a repetir Louise.
- ¿Qué? Tranquila Louise, no voy a comerme al niño. Tampoco voy a decir nada relacionado con...
- ¡Nate!- Louise golpeó la mano con la que Nate sujetaba la mia y le apartó de mi lado.
- ¡Algún dia tendra que volver a ser lo que antes era! Por mucho que quieras evitarlo, el destino es el destino, Louise. Recuerdalo.- Y diciendo esto, con una mirada desafiante, Nate desapareció por el pasillo por donde había venido.
Estaba confundido. Algo pasaba en esta casa y me lo estaban ocultando, lo más grave de todo es que eso que me ocultan tiene que ver conmigo. Con mi pasado. No me sentia seguro entre los muros de esta casa.
- Gray yo...
- ¡Sueltame! ¡No me toques!- Louise intentaba acercarse a mi, pero yo no quería ningún abrazo, ningún consuelo. Simplemente quería respuestas.- No... no os acerqueis... Quiero saber que es lo que esta pasanso aqui. Quiero la verdad, no pienso moverme de aqui hasta saberla.
Louise me miró. La miré. Lavi nos miraba a los dos. Un silencio tremendamente incomodo que duró varios minutos nos invadió a todos, hasta que los pasos de alguien se escucharon.
Un hombre apareció por el pasillo seguido de otros dos hombres más a ambos lados.
Lavi se agachó al suelo a modo de reverencia.
- Señor Vandalam...- Dijo ella.
- Padre- Dijo Louise agachando ligeramente la cabeza.
- ¿Qué es todo este jaleo a estas horas de la mañana?
- No es nada Padre. Si me disculpa...- Louise se fue.
Aquel señor al que llamaban Padre y que todo el mundo le trataba con respeto seguía ahí de pie, mirandome.
- Buenos dias Gray.- Giró su cabeza en busca de Louise, y cuando vió que ya se había alejado lo suficiente continuó.- ¿Sucede algo?
- Tu... tu eres mi padre, ¿verdad?
- Así es.- Asintió con la cabeza.- Grell Vandalam, ese soy yo. Esvocé una pequeña sonrisa.- ¿Sucede algo?
- ¡Sí! ¡Sí sucede algo! ¿Verdad? En esta casa sucede algo y nadie quiere contarmelo. ¿Por qué?
- Gray...- Me susurró Lavi, quien aun seguía en posición de reverencia.- No debes alzar la voz en presencia del señor Vandalam.
- Tranquila Lavi, el chico tiene razón. Al igual que yo tengo mis razones para ocultarte algunas cosas, Gray. Aunque no lo creas, lo hacemos por tu propio bien.
- ¿Por mi propio bien? No me hagas reir... Estas ocultandome cosas de mi pasado. ¿Que es? ¡Dímelo!
Los hombres que estaban de trás de mi padre miraban la situación con cara de asombro y en ocasiones miraban a mi padre de reojo.
- Gray... Yo no te estoy ocultando cosas de tu pasado.
- ¿A no? Entonces, ¿que es eso que se supone que antes era y que Louise no quiere que vuelva a ser?
- ¿Co-como? ¿De qué hablas?
- ¡Si! ¿Ahora te haces el tonto? Nate estaba diciendo eso hace escasos minutos, después de contarle la visión que había tenido.
- ¿Visión? ¿Cual es esa visión?- Al parecer mi padre parecía empezar a ponerse nervioso.
No sabía que hacer, si contarle lo que había visto o mentirle. Miré a Lavi, quien parecia decirme con su mirada: "Adelante, él puede ayudarte."
Le conté lo que había visto.
- Con que estas comenzando a recordar tu pasado...
- ¿Mi pasado? Espera un momento, ¿qué hacia yo con una pistola?
- Veras hijo, esto, esto es algo que debemos hablar en privado. Lavi.
- ¿Si señor?- Dijo ella alzando la mirada.
- Lleva a Gray al comedor y ponle el desayuno. Luego conducele hasta mi despacho.
- De acuerdo señor.
Aquel hombre se fue por donde había venido de la misma manera, aquellos dos hombres le seguían, les separaban de mi padre una distancia de respeto.
Cuando estaban lo suficientemente alejados de nosotros Lavi al fin se levantó.
- Vamos Gray, sigueme. Te llevaré al comedor.
El comedor era una habitación bastante grande, yo creo que más de lo necesario, pues en ella simplemente había una mesa larga con dieciocho sillas a su alrededor y una enorme lampara de araña colgando del techo.
En la habitación había un enorme ventanal del que Lavi corrió las enormes cortinas rojas. La luz me cegó. ra una esplendida mañana. Por el ventanal se veia el jardín, era inmenso, con fuentes, árboles y arbustos que lo decoraban.
Había un hombre que estaba a fuera con unas tijeras de podar en la mano, debía ser el jardinero.
- Aqui.- Dijo Lavi apoyandose en el respaldo de una silla.
Me senté donde ella me dijo y esperé a que me trajera el desayuno, y mientras lo hacía continué mirando por aquel enorme ventanal. El jardinero estaba podando un arbusto que estaba al lado de un caro coche de color negro con los cristales tintados.
Apareció otro hombre, parecía algo viejo. Su atuendo era muy peculiar, llevaba una chaqueta de cola y pantalones negros, unos guantes blancos y un reloj de bolsillo en la mano enganchado a una cadena que finalizaba en el interior de un bolsillo situado en su pecho. Se acercó al jardinero, le preguntó algo y lo anotó en una libreta. Después se marchó y dejo al jardinero continuar su labor.
- Aqui tienes.- Lavi apareció por la puerta con un carrito en el que había una bandeja con un plato, vaso, cuchillo y tenedor, un trozo de pan y un jarroncito de cristal con una flor.
Puso la bandeja encima de la mesa.
Huevo frito, con bacon y patatas fritas, desayuno al estilo americano. Mientras comía seguía pensando en lo que había pasado esta mañana y en todas las preguntas que tenía que hacerle a mi padre, cuando me quise dar cuenta ya había acabado todo el contenido que tenía en el plato.
- Acompañame por favor.- Me dijo Lavi y con un leve gesto de cabeza ordenó a dos doncellas que pasaban por allí que limpiaran lo había usado.
Salimos del comedor y nos dirigimos a la entrada principal. Subimos las escaleras por las que hace unas horas había bajado. Ahora estaba todo iluminado y los rostros de los retratos parecían menos tétricos.
Cuando llegamos arriba fuimos por el pasillos de la derecha, que luego a su vez se dividía en tres y cojimos el camino de el medio, cuatro pasos más adelante nos paramos en frente de un portón.
Lavi llamó a la puerta y un "adelante" hizo que habriera el enorme portón.
Ante mi tenía la mayor biblioteca que alguien podría encontrar en la vida. El techo era altísimo, la biblioteca tenía dos pisos y las estanterías cubrian las paredes, no se sabía de que color eran con tanto mueble.
Al fondo del todo se encontraba un hombre en un escritorio, era mi padre.
- Con su permiso.- Dijo Lavi haciendo una leve reverencia inclinando su cuerpo hacia delante y se retiró.
- Gray, acércate.- Dijo mirandome con una mirada seria que hizo que los pelos de la espalda se me pusieran de punta.- Aver, dime.
- ¿El qué?
- Lo que quieres saber. Preguntame, te intentaré contestar a lo que no ponga en riesgo tu vida.
- Vale, lo primero de todo, ¿Por qué mi apellido es diferente al vuestro? Se supone que somos de la misma familia.
- Veras hijo, como ya te hemos contado, fuistes secuestrado y para que eso no suceda de nuevo vamos a hacer que uses el apellido Walker.
- Vale, pero ya que has sacado el tema... ¿Por qué me secuestraron? No lo entiendo muy bien.
- Eso ya te lo ha explicado Louise. No le des más vueltas. El pasado es el pasado, debes mirar al presente.
- Vale... ¿y la visión esa? ¿Y esas marcas al fondo del pasillo? ¿Qué explicación tiene eso? ¿Y qué era eso que estaba diciendo Nate después de contarle la visión?
- Hijo... eso es dificil de explicar...- Me miró. Se levantó de la silla, dio una vuelta al rededor mia pasandome su brazo por mis hombros.- Veras...- Cojió una silla cercana y me ofreció asiento.- No puedo mentirte.
- Adelante, cuentame.
- Veras... Antes de perder la memoria tras ese accidente pertenecías a la mafia.
¿Que? ¿Como que pertenecía a la mafia? Esto no es nada lógico.
No sabia que hacer en ese instante. Las manos me sudaban. ¿Qué era lo que estaba pasando aqui?
Mi padre hizo un gesto con la mano y dos hombres armados con una porra y el otro con una pistola salieron tras las cortinas y se dirigian hacia mi.
El pánico llenó mi interior. Que iban... ¿A darme una paliza? Solamente quería saber la verdad.
- Hey, hey. Tranquilos. Qu-que no pienso decir nada a nadie. Puedo mantenerme en silencio si me lo pedis.
Uno de los hombres saltó  y se abalanzó sobre mi. La silla volcó y el hombre golpeó con un puño en el suelo y asombrosamente los azulejos se quebraron.
- ¡La ostia!- Tenia miedo. Mucho miedo. Miré a mi padre quien permanecía sentado en el escritorio con los brazos apoyados en la mesa y su cara esbozaba una sonrisa.
El hombre que tenía encima se disponía a dar otro golpe, y este iba directo a mi cara. No se como lo hice, pero logré esquivarlo y decidí que tenía que hacer lo posible para salir de allí. Así que me armé de valor y con los pies dí un empujón al gorila que tenía encima. Sorprendentemente calló encima de una silla y esta se rompió. Un silvido rozó mi oreja. La bala que el otro hombre acababa de disparar no me había dado por puro milagro.
Me avalancé hacia él y de forma instintiva le bloqueé el movimiento de su brazo derecho, cojí su pistola y le hice una llave. Me giré. Golpeé con el codo al hombre de la porra que volvía a contra atacarme. Levant´el brazo y golpeé su cara con mi puño.
El hombre al que arrebaté su pistola se volvió a abalanzar sobre mi. Esquivé algunos de sus puñetazos, pero uno me dió en el estómago. Me agaché del dolor y pude ver que en el interior de la chaqueta tenía otra pistola. Me levanté y le hice un placaje, cojí su pistola sin que se diera cuenta pero a causa de eso recibí un nuevo golpe. Me tiró contra una de las estanterías llenas de libros y un montón de ellos calleron sobre mi. Conseguí salir de la montaña de libros bajo la que estaba sepultado y ante mis ojos tenía a menos de dos metros a los dos hombres intentando saltar sobre mi. Estiré mis brazos con una pistola en cada mano y cuando los dos hombres calleron al suelo cerca de mi levantando sus manos uno con una navaja y otro con la porra a punto de golpearme. Cerré los ojos y disparé.

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