El estridente sonido del disparo llenó toda la sala. Yo seguía allí tumbado, inmóvil, con los ojos cerrados, pues tenía miedo de abrirlos, no sabía con lo que me podí encontrar.
De repente oí unos aplausos y el ruido de una silla correrse, mi padre debía haberse levantado de ella.
Me armé de valor y abrí un ojo, después el otro.
- Bien hecho hijo.
No podía creerlo, acababa de matar a dos hombres. El pánico inavadió todo mi cuerpo. Y ahora... ¿Qué voy a hacer? Aquellos hombres que hace tan solo unos segundos estaban a punto de matarme estaban sobre mi, de rodillas, sus caras estaban a escasos centímetros de la mia. Me fijé en la frente de uno de ellos, estaba completamente roja, la sangre se escurría por toda su cara, pasando por sus mejillas y llegando a su barbilla, donde una gota calló en mi paralizada cara.
Me giré y ví como mi padre seguía de pie contemplando la macabra escena con una sonrisa en su cara.
Toqué la gota que había caído en mi cara con el dedo indice de mi mano izquierda y para mi sorpresa descubrí que aquel líquido rojo se enborronaba y manchaba mis otros dedos. Era pintura.
- Enorabuena.- Pronunció uno de los supuestos cadáveres.- Sigue manteniendo sus destrezas en el arte de la lucha cuerpo a cuerpo.
No podía creerlo. Miré de cerca la pistola que aun sostenía en mi mano derecha, estaba cargada con balas de pintura.
Los dos hombres se levantaron y me ofrecieron su mano para que yo me levantase también.
- ¿Qué? Pero... ¿cómo?
- Usted a sido entrenado desde que apenas tenía los seis años por los mejores maestros y desde los ocho fue cuando empezó a iniciarse su aprendizaje en el manejo de las armas.- Dijo el otro supuesto cadáver.
- Pero bueno, dejemos todo esto. Gray, ya tienes lo que querias, te he contado la verdad sobre tu pasado, ahora sabes que mis negocios son los de una familia de mafiosos, para ser exactos de la familia más grande hoy en dia en Italia. Que eres un maestro en cuanto a la lucha ya que hubo un tiempo en el que se decidió que ibas a ser mi sucesor y debido a mi tremenda ingenuidad por intentar meterte en este oscuro mundo fuiste raptado por los Cavalone.
- Papa...yo...esto... Esto es imposible, yo, ¿un miembro de la mafia?
- Así es, hijo mio, pero porfavor, no quiero que te vuelvas a ver involucrado en esto, así que quiero pedirte que te olvides de todo esto que te acabo de contar y que bajo ningún concepto nadie sepa que te he contado la verdad, tu no sabes nada. ¿De acuerdo?
Asentí con la cabeza y mi padre me sonrió, apoyó su mano en mi hombro y me acompañó hasta la puerta del despacho.
- Si necesitas hablar de nuevo con alguien sobre algún recuerdo que te venga a la cabeza no dudes en acudir a mi.
Salí de la habitación y allí estaba Lavi esperandome, al ver a mi padre hizo un saludo con la cabeza. Este se lo devolvió a ella cerrando la puerta.
- Volvamos.- Dijo Lavi.
La seguí por el largo pasillo en silencio , sin articular ni una sola palabra. Estaba desconcertado. Un mafioso, vaya, mi pasado fue algo extraño y mi futuro... ¿cómo sera? Cada vez estoy más y más confundido, tengo tantisimas preguntas que apenas se como formularlas.
Al fin llegamos a mi habitación. Encima de la cama había un montoncito de ropa.
- Ahí esta tu ropa, apresurate y pontela, en menos de media hora debemos salir.
-¿A donde vamos?
- Eso ya lo veras, estare esperandote en el hall.
Lavi salió de la habitación y comencé a vestirme.
¨¿Quien era aquella chica?¨Mi cabeza no paraba de repetirse una y otra vez. ¨¿Qué es lo que pasó con ella? ¿Seguirá viva?¨ No sabia muy bien como, pero lo que si tenía claro era que debia averiguarlo. Tenía que saber que estaba bien, saber si ella se acordaría aun de mi.
- Bien, ya podemos marcharnos.- Dijo ella.
Era la primera vez que iba a salir de la casa, bueno, al menos la primera vez desde que perdí mi memoria.
La puerta emitió un pequeño chirrido al ser abierta por el hombre que había ante ella.
- Gracias, señor Netter.- Dijo Lavi.
- De nada, marchémonos.- Respondió él.
Al parecer aquel hombre iba a acomparñarnos a nuestro destino, el cual aun desconocía.
Al abrir la puerta la luz de la mañana cegó mis ojos, tenía la impresión de ver por primera vez el exterior.
Afuera, un extenso jardín en el que la vista no tenía posibilidad alguna de encontrar la salida, se extendia ante mí.
Un lujoso coche apareció rodeando la enorme fuente que había ante las escaleras para acceder a la casa.
El coche paró ante nosotros y el joven conductor se dirigió a abrir la puerta trasera donde Lavi y yo nos introducimos. El señor Netter ocupó el asiento delantero junto a el conductor.
Tardamos aproximadamente diez minutos hasta llegar a la salida del jardín en donde una enorme puerta forjada de hierro se abrió ante nosotros.
El resto del trayecto se me pasó volando. Nadie pronunció ni una sola palabra, cada uno parecía ir pensando en sus cosas y por supuesto yo iba pensando en las mias y en aquella visión. Puede que parezca un loco obsesionado con el tema, pero, era lo unico que sabia de mi pasado, era la unica pista que tenía para poder encontrarme conmigo mismo. Tengo que localizarla, estoy seguro que si ella aun vive es la unica que me puede contar lo que pasó aquel día.
- Gray, Gray, despierta. Gray.
-¡Ah! Si, si estoy despierto, lo siento.
- Anda, venga, vamos y deja de quedarte en babias.
Lavi y yo bajamos del coche. Estabamos ante un enorme edificio blanco que parecía ser un hospital.
- Gray, ves adelantandote. ¿Ves aquel parque de allí, donde hay un estanque? Quedate por ahí cerca.
Asentí con mi cabeza. Mientras me dirigía hacia donde Lavi me había indicado vi como se quedaba hablando con el señor Netter, quien aun seguía dentro del coche. Vi como Lavi y él hablaban y como ella le entregó un papel, este lo leyo y le pasó a ella un paquete y un sobre. Lavi leyó el papel y dijo algo mientras miraba a su alrededor. A continuación se despidió del señor Netter y se adentró en el edificio blanco.
No se muy bien por qué, pero aquel hombre me inquietaba un poco, no me sentía muy cómodo cerca suya.
Me senté en un banco que había en frente del estanque, en el que se veía a pequeños peces nadar en él y pelearse por las diminutas migas de pan que una pareja de ancianos estaban tirando.
Seguía observando el hermoso estanque cuando vi que detras de unos pequeños juncos aparecía una pequeña barquita en donde una chica estaba montada. Llevaba en sus manos protegidas por unos guantes blancos un parasol de encaje y vestía un hermoso vestido blanco de tirantes. Llevaba el pelo suelto, sus preciosos tirabuzones rubios brillaban al sol junto a su hermosa piel blanca y sus ojos azules. Era como un ángel, era preciosa. Aquella chica parecía tener los mismos años que yo. Me quedé embobado mirandola. Según la barca abanzaba pude ver como un hombre bastante mayor se encontraba en el otro extremo de la pequeña barquita y remaba con suma tranquilidad.
Los dos estaban hablando, se les veía felices, tal vez aquel hombre era su padre o más bien su abuelo. De repente los dos comenzaron a reirse y a mí me dió un vuelco el corazón al ver aquella sonrisa. Era la sonrisa más bonita en el mundo, aquella belleza era imposible de superar.
-¿Gray? ¿Estas bien?
-¡Ah!- Menudo susto.-Si, estoy perfectamente. ¿Por qué lo preguntas, Lavi?
- No, por nada en especial, pero tienes la cara completamente roja, como un tomate.
-¿Qué? ¿Qué dices? Eso no puede ser.
-¿De verdad que te encuentras bien? Aver si vas a tener fiebre y luego el señor me va a regañar por no cuidarte como es debido.
- Que no, Lavi. Tu tranquila que estoy bien.
- Eso espero. Bueno, cambiando de tema, el Doctor Paul esta aqui, quiere hacerte unas preguntas para ver tu estado y analizar...¿Gray? ¿Me estas escuchando?
¨No puede ser, ¿a dónde ha ido la barca? ¿A dónde ha ido ella?¨ De repente la perdí de vista.
-¡Gray!
-¿¡Qué!? ¿¡Qué es lo que pasa!?
-¿Cómo que qué es lo que pasa? Estas muy raro, te distraes y no me escuchas y haces lo que te da la gana. Espabilate y vamos, el Doctor tiene que hablar contigo.
- Ola Gray, encantado de volver a verte.- El Doctor me ofreció su mano, pero pasé totalmente de estrecharsela. Ahora mismo no estaba de humor, acababa de perder de vista a aquella hermosura que seguramente nunca más iba a volver a ver.
- Si, es todo un placer.- Dije con sarcasmo.
- Si, bueno. Demos un paseo, tengo algunas preguntas que hacerte. Si nos disculpa, señorita Lavi, nosotros nos vamos un momento.
- Adelante, esperaré por aqui.
Aquel doctor iba haciendo una pregunta tras otra, al principio conseguí atender a las primeras . ¨¿Duermes bien? ¿Sientes nauseas? ¿Algun dolor?¨ Pero según iban apareciendo más y más preguntas acabé contestando al azar si o no sin atender tan siquiera a la que estuviera preguntando. En ese instante solo podía pensar en una cosa. Aquella sonrisa... Iba a tardar un tiempo en conseguir borrarla de mi mente.
Cuando llegamos a casa me metí en mi habitación, me senté en el sofá que había debajo de la ventana y miré a traves de esta.
- Me voy a volver loco si sigo pensando en ella.- Suspiré.
Aquella chica iba a acabar con mi existencia. Esto no es normal, ¿Cómo puedo haberme pillado de tal forma de una persona que no he visto en mi vida más que una vez?
Por la ventana veía como Lavi y mi padre estaban hablando sentados en una terraza, tomando el té mientras una mujer, ataviada con un vestido negro de sirvienta con un delantal blanco, servía un trozo de tarta a cada uno. Parecían estar teniendo una seria conversación. Los adultos y sus aburridas conversaciones. ¿Por qué a ellos nunca les pasan estas cosas? ¿Por qué ellos no se pasan horas y horas pensando en la forma de la sonrisa más bonita del mundo?
- Sera mejor que descanse un poco.
Me acosté en la cama y le deje una nota a Lavi sobre la mesilla en la que ponía que no tenía ganas de comer, ni tampoco de cenar, que necesitaba descansar un poco y que sobre todo no se preocupara tanto por mi, que estaba bien, solamente necesitaba pensar un poco en mis cosas.
· · ·
- Señor, ¿esta seguro de que ha hecho bien en contarle al señorito Gray la verdad?
- Por supuesto, Lavi. Gray tiene todo el derecho a saber quien es.
- Pero... ¿usted cree que es lo correcto? Ya sabe, su vida puede correr peligro. ¿Y si llega suceder la misma tragedia?
- Tranquila Lavi, cuando se lo conté le pedí que olvidara todo, que no le diera más vueltas al tema.
-¿Le ha pedido que se quede al margen?
- Así es. Tambien le he contado la razón por la cual vamos a mantener el apellido de su madre en vez del mio.
- Pero señor... ¿Le ha contado el plan? ¿No cree que es demasiado pronto?
- Tranquila, tranquila... Solamente le he dicho que es por su seguridad. El chico aun no sabe nada. De todas formas el plan aun no esta confirmado que se realice, aun no tenemos la información de la pequeña Cavalone.
- Señor, ¿de verdad usted va a..?
- Silencio, Lavi. Esto fué decidido el día en el que recuperé a mi hijo.
- De acuerdo señor Vandalam.
- Ah, otra cosa Lavi. Que Louise no se entere.
- ¿Señor?
- Si, no quiero que Louise sepa que Gray conoce sobre su pasado. Tambien le he dicho a Gray que guarde silencio. Te lo ruego, no quiero que se lleve un disgusto.
- Cuente conmigo.
- Padre.
- Mi querido Nate. ¿Ya has regresado?
- Así es. ¿Tomando el té?
- Ya lo ve. ¿Desea unirse señor Nate?
- No, muchas gracias por la invitación Lavi, pero solamente venía a traerle este informe a Padre.
- Dejame ver hijo.
- No Padre, mejor mireló cuando este solo. Bueno, yo me marcho. Con vuestro permiso.
- Señor Vandalam, si me disculpa yo tambien debo irme, tengo que realizar los preparativos para la visita de mañana al Doctor con la señorita Louise, quiere revisar el informe y prometí ayudarla.
- Adelante Lavi. Cualquier cosa que necesites saber para seguir con el cuidado de Gray no dudes en preguntarme.
- Lo haré señor, si me disculpa.
· · ·
¨Vaya, me he quedado dormido más tiempo del que había planeado. Las dos de la mañana. Bueno, voy a bajar a dar una vuelta a ver si me despejo un poco.¨
Bajé por las escaleras apoyando mi mano en el pasamanos, pues estaba aun medio dormido y tenía la sensación de que podía caer en cualquier momento.
-¿Gray? ¿Qué haces aqui a estas horas?
-¿Louise? Ah, Oh... pues, es que acabo de despertarme y quería depeja mi mente un poco. Iba a salir ahora un rato al jardín.
- Vale, venga vamos, yo te acompaño.
-¿Pero no tienes sueño?
- No, la verdad es que no puedo conciliar el sueño, tengo demasiadas cosas en las que pensar como para estar perdiendo el tiempo durmiendo. Si te soy sincera yo también estaba pensando en salir a tomar un poco el aire.
Louise se acercó a mi, me abrazó por el hombro y me besó la mejilla. Me mostró una dulce sonrisa y con ella me invitó a pasar la larga noche de verano que aun nos quedaba por delante sentados en la orilla de una pequeña charca situada en la parte posterior del jardín.
- Oye, Louise, ¿qué es eso que te tiene tan preocupada?
- Veras, Gray, tiene que ver contigo, con tu pasado, puesto que afecta directamente a tu futuro, y este puede estar limpio o mancharse y volverse de un tono negro dependiendo de lo que pase ahora en el presente.
-¿Qué quieres decir con eso? No entiendo.
- Pues... Que temo por ti. A causa del trabajo de tu padre puedes llegar a sufrir otra vez, y estoy segura de que si vuelven a poner sus manos en ti, esta vez puedes salir muy mal parado y aun así habría que agradecer al señor de los cielos.
-¿Cuanto sabes tu sobre el trabajo de papa?
-¿Yo? Pues desgraciadamente demasiado.- Dijo Louise con voz temblorosa, tenía los ojos llorosos y le temblaban las manos.- Trabajo en los mismo que él después de todo.
-¿Trabajais en el mismo departamento?- Yo sabía perfectamente que lo del trabajo era una tapadera, pero Louise no debía saber que yo conocía esa información, por lo tanto tenía que disimular.
- Bueno, más bien diria que soy su socia.
- Así que los dos sois como los jefes, ¿no?
-Oh, no que va. En su empresa esta un poco mal visto que una mujer este a la cabeza. Yo soy algo así como una consejera, alguien que le ofrece apoyo y ayuda.
-¿Cómo que esta mal visto? Vaya sociedad más machista, por mi parte eso es una tonteria.
- Ya, bueno, puede. Pero es que es un negocio de hace muchos años, a pasado de generación en generación.
-Ya veo...
- ¿Y tu que era lo que querias reflexionar?
- Bueno, pues la verdad es que no dejo de pensar en la visión del otro día porque si lo piensas detenidamente...
-¡No!- Louise me cortó.-¡Dejalo ya, Gray!- Parecía nerviosa, agobiada...-¡Simplemente es un sueño que has tenido despierto o es alguna alucinación provocada por los medicamentos! ¡Deja de confundir la fantasía con la realidad!
No pude articular ni una palabra. Se veía que ese tema era tabú ante Louise, la afectaba demasiado. Nos mantuvimos los dos en silencio hasta que el sueño nos venció y quedamos dormidos bajo un cielo cubierto de estrellas.
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