domingo, 22 de abril de 2012

XVIII - La macabra mazmorra Cavalone.

{Newquay, Inglaterra. Mazmorras de la mansión "Bianca Rossa". Territorio Cavalone.}
-¡Ahh!
- Entra ahí traidora.
{Una joven con el rostro cubierto esta siendo arrastrada de malas maneras al interior de una de las celdas de la mansión británica de los Cavalone. Lleva ropas arapientas y sucias, al igual que su piel, que a parte de estar manchada presenta numerosos cortes y moretones.}
-¡Yo no he hecho nada! ¡No merezco esto!
- No has completado la orden de matanza que el Señor Amo Allen Cavalone te ordenó. Ahora te pudriras ahí por sucia perra traidora.
- ¡Al menos quitenme estas cadenas!
{Aquel guardia que la encerró se fue. La muchacha resignada se giró para ver si había alguien más en aquella celda. En frente suya, colgado de la pared, había un tablón de madera a modo de asiento y en él se encontraban sentados tres mugrientos hombres de unos cuarenta años de edad.}
- Vaya, vaya. ¿Qué hace una belleza como tu en una celda como esta?
- Ven con nosotros princesa, lo pasaremos bien.
{Aquellos hombres no llevaban cadenas como ella, que se encontraba atada de pies y manos.}
- No seas tímida, vamos, juguemos todos juntos.
{Se levantaron del banco y comenzaron a acercarse hacia la muchacha. Se relamian mientras la miraban de arriba a abajo y frotaban sus manos como un niño que esta a punto de deborar una tarta de chocolate.}
-¡Deteneos!
- Venga princesa, como si eso nos fuera a parar.
{Aquella joven sabía muy bien cuales eran las intenciones de esos tres hombres. No podía defenderse, pues estaba encadenada. No podía huir, pues estaba dentro de una celda. Simplemente podía afrontar aquella situación con valentía.}
- Pero quitate esta horrorosa capa y ropas y muestranos tus dulce cuerpo y tu cara.
{Los ojos de los lujuriosos cuarentones parecían salirse de sus órbitas. Uno de ellos comenzó a besarla en el cuello y los otros dos se disponían a quitar su capa y sus ropas. Cuando la capucha dejó ver el rostro de aquella rubia de ojos azules el deseo de aquellos hombres de tomarla en aquel lugar creció salvajemente.}
- Vaya, princesa. Así que eras tú, tomarte aqui y a tí es mejor que cualquier otra cosa que jamás haya deseado. No se preocupe mi ama, seremos gentiles con usted. ¡Jajajajajajaja!
- ¿De verdad? ¡Yo no podré hacerselo gentilmente!
- Ni yo.
- Jajajajajajajajaja.

{Fueron dos semanas las que la muchacha tuvo que aguantar el constante acoso de aquellos tres desalmados hombres, hasta que un día el gran dueño y amo de la casa decidió acudir a verla.}
-¿Te arrepientes de habernos traicionado?
{La joven se encontraba tirada en el suelo, sobre un montón de paja. Su cuerpo estaba cubierto de suciedad, moretones y arañazos, al igual que cuando entró, pero ahora tenía muchos más a causa de la convivencia que esos tres incivilizados. Tenía sus ojos llenos de lágrimas y evitaba mirar a aquel hombre que se encontraba al otro lado de la celda.}
- Te he hecho una pregunta. ¿Estas arrepentida por haber fallado?
- S-S-si-i...
- Bien. Después de todo no puedo dejarte aqui encerrada, pues tu debes realizas tu papel en esta obra. Tu eres la unica capacitada para realizar esta tarea.
{El hombre realizó un movimiento con su mano e indicó a dos guardias que abrieran la verja, uno de ellos se acercó a la joven y la ofreció su mano para levantarse. Esta la rechazó y lo hizo por sí misma. Los tres hombres de la celda contemplaban sentados desde la tabla como su juguete conseguí la libertad.}
- Adios princesa, vuelve pronto a jugar.
{La celda quedó cerrada. El elegante hombre trageado que sacó a la joven se acercó a ella y la abrazó y comenzó a acariciar su rubia melena.}
- Tranquila, ya pasó todo, además tu misma te has buscado esto, necesitaba hacerte comprender que los Cavalone no nos andamos con tonterias, somos muy serios y estrictos con nuestro trabajo. Ya sabes lo que tienes que hacer, ¿no? Esta vez no puedes fallar si no quieres volver ahí dentro.
- Por supuesto, Padre.
- Te quiero, Jeamy, mi querida hija. Nunca olvides que la sangre que corre por tus venas es la de un Cavalone. Mañana mismo volvemos a Italia para continuar con el plan.
{La muchacha alzó su vista al techo y una lágrima nacida en sus azules ojos recorrió su cara.}

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