Ya habían pasado dos semanas desde el ataque que Emily recibió. Su recuperación había sido rápida pero aun no podía levantarse de la cama. En cuanto al tema de por qué ella tenía el cuaderno era imposible conseguir respuesta alguna, cada vez que lo mencionaba Emily enloquecía y la situación se volvia incontrolable, así que dejé de preguntarla cual era la razón.
En estos dias no había parado de ir al gimnasio a entrenar una y otra vez, con mucha más intensidad y duración que antes, pues mi padre quería que estuviera preparado por si volvian a atacarnos en algún momento. También había ordenado que todos los residentes de la casa llevaran un arma encima. Se le veía muy preocupado, y con razón lo estaba, pues en tan solo estas dos semanas los hombres de nuestra familia habían sido atacados diez veces y en dos ocasiones hubo un total de catorce muertos. Los Cavalone estan tramando algo, no hay duda, y Jeamy esta metido en ello, en eso tampoco había duda alguna. No podía dejar de pensar en lo que ella podría estar haciendo ahora, si estaba ayudando a su padre en todo esto o quien sabe que... Estaba preocupado por ella, por qué pasaría si nos encontraramos cara a cara. Somos enemigos intimos, deberíamos pelear entre nosotros, pero tenía miedo de pensar cual sería el resultado si esto sucediese.
Debido a todo esto y más aun no había tenido la oportunidad de leer el cuaderno, pero esta misma noche, justo después de una reunión en la que mi padre rogó por mi asistencia, lo leería.
Ahora mismo nos encontrabamos en una limusina camino a aquella reunión.
Me encontraba sentado entre Lavi y Louise, quienes llevaban puestos dos elegantes vestidos de noche, y en frente nuestra estaba mi hermano Nate, el señor Netter y mi padre, todos ellos con esmoquin al igual que yo.
- Gray, vamos a ir a una de las reuniones más importantes que se celebran al año en la familia Vandalam. Todos los subordinados que habitan en todas partes del mundo y todas las familias de confianza que nos prestan sus servicios a cambio de protección van a estar reunidas bajo el mismo techo. A causa de eso vas a tener que acostumbrarte a dirigirte a mi con más respeto, al igual que lo hacen Louise y Nate.
- De acuerdo.
- Y los demás. Estad atentos a cualquier cosa que suceda a vuestro alrededor. El lugar va a estar totalmente protegido, pero aun así quiero que esteis alerta, con vuestras armas cargadas. Tu tambien, Gray.
- No lo dude.- Respondimos todos al unisono.
-¿Vamos a tratar el tema de los ataques de los Cavalone? Quiero decir, ahora que estaremos todos reunidos podriamos tratar de encontrar una solución a esta situación. - Preguntó Louise.
- No, simplemente Padre va a informarles y pedirles que esten atentos y que tengan cuidado.- Respondió Nate.
- Cierto, no tenemos por qué implicar a más gente en esto. Este es nuestro problema y debemos resolverlo nosotros.
Diez minutos más tarde nos encontrabamos en un gran edificio con un escenario en el que al llegar subimos los principales representantes de los Vandalam. Mi padre se encontraba al frente, donde un pequeño microfono ayudaba a amplificar su voz para que pudiera ser oida por todos en el enorme pabellón.
Nate, Louise y yo, colocados de mayor a menor nos encontrabamos unos pasos atrás de mi padre.
Estaba en pie, en silencio, contemplando aquella masa de personas que escuchaban con gran interes las palabras que Padre decía. Cuando acabó su discurso los aplausos inundaron el lugar y mi padre felizmente anunció:
- Bien, mis queridos compañeros, ahora disfrutemos del gran banquete.
Una música comenzó a sonar y la multituz comenzó a hablar y comer de la comida que había preparada en unas meses alargadas que había por todos los rincones de las paredes y de las bandejas que llevaban los camareros.
Bajé del escenario.
- Gray, hijo, ven, quiero presentarte a algunas personas.
Nos dirigimos hacia un grupo en el que hombre y mujeres charlavan y reían, a su lado, un grupo de adolescentes hablaba, parecían todas muy estiradas.
-¡Hombre! Pero si es Grell.- Dijo uno de los hombres dandole una palmada en la espalda a mi padre.- No me digas que este muchacho es...
- Si, este es Gray, mi hijo.
- Encantado, pequeño Vandalam.
- Es un placer conocerlo.- Dije estrechando su mano.
Todos ellos me saludaron y presentaron a sus respectivas hijas.
- Gray, ¿por qué no te quedas con ellos mientras las adultos vamos a tomar unas copas?
- De acuerdo, Padre.- No me hacía mucha gracia, pero tenía que hacerle caso.
Me acerqué al grupo de chicas.
-¡Hola! ¡Tu eres Gray Fullbaster Vandalam III! ¡¿Verdad?!
- Si...- Dije un poco cortado.
En un momento me encontré rodeado de un montón de chicas de unos doce años, trece años agarrandome por los brazos y haciendome preguntas estupidas.
-¿Que tipo de chica te gusta?- Decía una.
-¿Crees que soy guapa?
-¿Eres zurdo o diestro?
-¡Hey, hey! Dejazle en paz, vais a asustarle.- Una chica de unos dieciocho años se abrió paso entre la multitud de chicas hasta llegar a mi.
- Vanesa... ¿Tu tambien quieres conocerle?
- Nosotras lo hemos visto antes, buscate a otro.
-¿Pero qué decis, niñas tontas? Para mi es un crio, tan solo tiene dieciseis años.- La peliroja giró su cabeza y me miró.- ¿Qué? ¿Estan hablando aqui todas de ti y tu ni te inmutas?
- Eeeemmm... ¿Qué quieres que diga?
- Estas niñas de aqui quieren convertirte en su esposo y no sabes que decir... en serio, ¿de dónde has salido tu?
- ¡¿Qué?! ¡Ah! ¡No, no! Yo no voy a ser el esposo de ninguna.
- Jooo... ¿qué pasa? ¿Por qué no? ¿Tienes ya a alguien que te guste?- Intervino una de las pequeñas.
En ese momento enrogecí.
- No... no es eso. Bueno, vereis, la verdad es que ya estoy comprometido.- No podía decirlas que la mujer a la que tanto quiero es la que quiere acabar con toda la familia, así que decidí poner de escusa mi compromiso con Emily.
- Entonces... ¿hemos llegado tarde?
- Vaya, con lo guapo que es este chico. Es una pena... Tambien tiene mucho poder y dinero, pero todo esto ya es de otra.
Aquellas chicas desaparecieron, sin embargo la chica pelirroja aun estaba a mi lado.
"Seran interesadas..." Pensé. "Simplemente se han acercado a mi porque tengo dinero."
- Deja de darle vueltas, nunca comprenderas la mente de unas niñatas cazafortunas. Lo unico que buscan es que estes forrado de pasta y que tengas poder para concederlas todos sus caprichos. Por cierto, encantada, yo soy Vanesa Meyer, pertenezco a una pequeña familia de mafiosos que esta bajo la protección de la tuya.
- Encantado, soy Gray Vandalam, hijo de Grell Vandalam.- Tomé su mano y la besé.
- Vaya, para tener tan solo dieciseis años eres todo un caballero.
- Gracias.
- Tengo entendido por lo que ha comentado tu padre y las informaciones de los Meyer que estuviste en contacto con Jeamy Cavalone sin saber de su identidad... ¿es cierto?
Otra vez estan sacando el tema de Jeamy, tema del que no quería hablar.
- Si, bueno. Estuvimos un tiempo que nos veíamos pero yo no sabía que era la hija de Allen Cavalone y bueno, un día de repente se marchó y no volví a saber nada más de ella. Luego ahi fue cuando me enteré que era una Cavalone.
Vanesa no paraba de mirarme. Su mirada me hacía sentir algo incómodo, parecía que con ella podría llegar a ver en mi interior.
Un silencio incómodo nos invadió a pesar de la música y las numerosas voces que se podían apreciar a nuestro alrededor. Entonces, repentinamente alguien chocó de espaldas conmigo y calló al suelo. Era un chico de unos diecinueve años. En frente de este había un hombre que parecía tener diez años más que él.
-¡No te acerques a ella! ¡¿Me oyes?! - Gritó el mayor. Parecían estar discutiendo.
-¡Jack! - Vanesa se dirigió hacia el chico que se encontraba tirado en el suelo.- ¡Señor de Gramond, perdonele, es un impertinente, no se que habrá dicho esta vez, pero por favor, no siga!- Rogó ella agachandose y recogiendo al joven.
El hombre que se encontraba en pie, frente a Vanesa y aquel otro en el suelo, se acercó lentamente a ellos dos. La gente de los alrededores se apartó, formando un circulo alrededor de estas tres personas.
- Como vuelvas a decir algo como eso sobre mi prometida no viviras para contarlo.- Dijo el hombre, y diciendo esto abandonó el circulo y despareció entre la multitud.
La gente siguió con lo suyo y yo me acerqué a aquellos dos.
-¿Por qué siempre esta igual con él? ¿No podeis llevaros bien o que?- Vansea parecía enfadada.
-¿Cómo quieres que me lleve bien con un gilipollas como él? Además, el fue quien comenzó esta absurda pelea atacandome con sus comentarios.
-¡Madura de una vez Jack!- Vanesa se lavantó y vino a mi lado.- Lamento que hayas tenido que ver esta escena tan infantil por parte de este inmaduro.
-¡Ah! No, no es nada...- No sabia que decir.
-¿Y este es?- Preguntó Jack refiriendose a mi.
-¡Un respeto! Que aunque sea menos que tu tiene un rango infinitamente superior al tuyo, es el hijo del Señor Vandalam.- Explicó Vanesa.
-¡Ohh..! Claaaaro, ya estamos con lo mismo de siempre, que si tu rango esto, que si tu rango aquello... Pues mira, siento no estar a la cabeza de una familia importante como otros, ni tampoco de una familia media como la de tu queridisimo prometido.
A Jack no parecía agradarle mucho aquel tipo con el que se acababa de pelear, quien parecía ser el prometido de Vanesa, aunque este tuviera unos diez, once años más que la muchacha.
-¡Dios! ¿Podemos dejar ya este tema en paz? Levantate y presentate como es debido.
- Que sí, que sí.- Jack se acercó a mi y con un apretón de manos se presentó.- Soy Jack Nicolaevich, de una humilde familia protegida por su respetable padre. Encantado de conocerte.
- Encantado, soy Gray Vandalam.
Pasé el resto de la noche junto a ellos. Estuvimos hablando y charlando sobre nuestras cosas y conociendonos mejor, hasta que llegó la hora de volver a casa, pero eso sí, habíamos quedado en volver a vernos de nuevo.
Cuando llegué a casa subí inmediatamente a mi cuarto, cerré la puerta y saqué la caja de su escondite. Me senté en la cama y abrí el candado del cuaderno con la llave. Estaba muy nervioso, tenía la sensación de que en el interior de este cuaderno podía encontrar algo importante sobre mi pasado, algo que incluso haría que cambiase la forma en la que veía las cosas. "Tu-tum, tu-tum..." Podía oir el latido de mi corazón por la tensión del momento.
Nada más abrir el cuaderno un trozo de hoja calló al suelo. Miré atentamente y se podía apreciar como la parte superior del folia había sido arrancada. Entonces me acordé, era la otra parte de la ultima carta que me envió Jeamy en el pasado. Busqué el otro trozo para comprobar si mi suposición era correcta, y si, asi lo era.
"Mierda." Pensé. "Aunque haya encontrado la continuación de la carta no puedo leerla aun entera." Al intentar leer que era lo que estaba escrito me di cuenta de que la tinta estaba corrida, parecía que el papel había sido mojado con algo y había emborronado toda la escritura.
"Que mala suerte, joder... Pero, si esta hoja que estaba dentro estaba mojada, eso quiere decir que..."
Comencé a rebisar todas las hojas del pequeño cuaderno.
- ¡No, no, no!
Era imposible leerlas, al igual que la carta, todo el cuaderno tenía sus hojas emborronadas.
-¡Joder!- Grité tirando el cuaderno al suelo.
Acababa de perder una gran oportunidad que me podría haber proporcionado muchas más información que cualquier otra cosa. Esa noche no pude pegar ojo del enfado que tenía.
· · ·
- Buenos dias.
-¿Buenos? ¿Qué es lo que tiene de bueno, Lavi?
Ya era de día, no había dormido nada aquella noche, pero aun así no me sentía muy cansado.
- Vaya, ¿hoy te has levantado con mal pie? Venga, baja que el desayuno esta listo.
- Sí, sí...
Bajé de la cama y enseguida Lavi se puso a colocar las sabanas e inconscientemente me quedé embobado mirando como lo hacía.
-¿Qué? ¿Hay algún problema?- Preguntó ella percatandose de mi mirada.
- No, es tan solo que... ¿no te aburres de hacer todos los dias lo mismo?
- No te entiendo.
- Me refiero a que todos los dias son iguales, todos, sin excepción. Todos los dias con la misma rutina, sin nada que de emoción a mi vida.
- Mira, Gray.- Dejó las sabanas por un momento y se acercó a mi.- No se que es lo que buscas en tu vida, pero estoy segura que esa pizca de emoción que deseas llegará algún dia, todo a su tiempo.- Lavi acarició mi pelo y sonrió.
- Como siempre, eres tan subjetiva... - Suspiré.
- No es que sea subjetiva, es lo que tu le das demasiadas vueltas a las cosas. No pienses tanto, actua.
Lavi se aproximó a la cómoda en la que guardaba mi ropa y de uno de los cajones sacó el atuendo que llevaría hoy y lo dejó sobre la cama ya con las sabanas estiradas.
- Será eso.- Comencé a desabrocharme la camisa del pijama.
- Date prisa, ¿de acuerdo? Tu padre espera.- Dijo ella saliendo de la habitación.
- Vaya, hoy no es un traje, así que supongo que hoy no iremos a ninguna de esas aburridas reuniones.- Dije mientras me ponía unos pantalones vaqueros oscuros y una camisa blanca.- Mejor. Estoy arto de esa gente, simplemente se interesan por mi apellido. No saben como apreciar de verdad a una persona.
Cuando acabé de vestirme cojí de mi mesilla mi arma y observé la gravación que había en ella: "Gray Fullbaster". Resoplé y bajé al comedor. Allí se encontraba mi padre y sus hombres, había cuatro de ellos, para ser exactos uno era el señor Netter, otro era Jony y los dos restantes eran desconocidos para mi.
Mientras desayunabamos mi padre y yo estos tres se quedaron en la sala de espera. Padre estaba informandome sobre los planes de hoy: iríamos a entrenar nada más acabar el desayuno y luego volveríamos a casa, pues se iba a celebrar la fiesta del aniversario de los Vandalam, quienes habían permanecido durante ocho generaciones, nueve con la mia.
Al acabar de desayunar nos dirigimos todos hacia la puerta principal para irnos y comenzar con la primera actividad que estaba planeada para hoy, pero antes de salir por la puerta una voz me reclamaba:
-¡Graaaaaaay!
-¿Emily?- Era ella, se abalanzó sobre mi y me abrazó fuertemente.-¿Que haces aqui asi en pijama? Te vas a resfriar. ¿Ya puedes moverte?
-¡Si! Anoche cuando estabas en aquella reunión conseguí levantarme.
-¿Y estas ya bien?- Apenas podía hablar, me estaba agarrando con tanta fuerza que a duras penas podía respirar.
- Tranquilo, estoy perfectamente y por eso esta noche podré ser tu pareja en el baile de mascaras y podremos estar juntos tooooda la noche.
- Si...claro... ¿por qué no?- No lo dije muy convencido, no había más remedio que hacerlo, pero tampoco me desagradaba la idea.
-¡Que bien!- Al fin me soltó.- Esperaré con ansias lo de esta noche!- Se puso de puntillas, me dió un beso en la mejilla y salió corriendo escaleras arriba.
- Que chica más dulce.- Dijo Jony.
- Si, no te imaginas cuanto.- Dije sarcasticamente.
· · ·
Ibamos Jony, Netter y yo por el pasillo del gimnasio camino a nuestra sala de entrenamiento. Mi padre y los otros dos hombres se separaron de nosotros al llegar aqui porque tenían que atender otros asuntos.
Ibamos en fila por el pasillo: Netter iba al frente, Jony le seguía y yo iba el último. Estos dos primeros iban hablando sobre los entrenamientos que habían realizado conmigo, no estaba muy ineresado en la conversación, así que simplemente iba mirando todas aquellas puertas que había a mi alrededor, todas ellas cerradas, excepto una, una que hizo que mi curiosidad despertara. La puerta numero nueve estaba ligeramente abierta así que se podía ver un poco el interior de la sala, aunque no entero. Por lo que pude ver, mientras Netter buscaba la llave y abría nuestra sala numero ocho, había alguien que estaba luchando contra tres hombres con cuerpos del tamaño del monte Everest. Aquellos tres hombres avanzaron simultaneamente hacia delante, no sabía hacia quien o hacia donde, pues se encontraba en un punto ciego y no podia verlo, pero deduje que era hacia aquella persona que estaba entrenando, pues puede ver como uno a uno fueron callendo hacia atrás con suma facilidad.
"¿Qué clase de persona puede encargarse en tan solo dos segundos de tres hombres de ese tamaño?" Pensé.
-¡Gray! ¿Qué haces?- Preguntó Jony sacandome de mi embobamiento.- Vamos, no te entretengas que hay mucho que hacer. Entra.
- Si, voy.
No hay comentarios:
Publicar un comentario