domingo, 23 de diciembre de 2012

XXIII - La víspera antes del dolor.

- Gray - Dijo Padre - La hora de firmar tu herencia a llegado. El tiempo apremia y mi sexto sentido me dice que algo gordo se aproxima.
- Padre... no sé si estoy seguro de querer hacerlo...
- Pero Gray... ¿No fuiste tu quien quería aceptar por voluntad propia permanecer en la familia?
- Si... pero lo hice porque quería averiguar más sobre mi pasado. Pensé que si aceptaba los recuerdos llegarían a mi.
- Y lo hicieron. ¿No es así? El siguiente paso es heredar el poder sobre la familia.
- Pero ¿por qué yo? Lo más lógico sería que Nate se encargara de continuarla, después de todo es el mayor de los hermanos
- No.- Padre cambió su tono de voz.- Nate no puede hacer ese papel. No está preparado.
- ¿A no? ¿Y piensas que un adolescente de casi diecisiete años está más preparado que un adulto?
- Créeme, hijo. Nate no podría con ello, es una carga demasiado pesada para él.
- Pero es que él tiene muchas más ganas que yo y más experiencia.
- Gray, lo único que Nate quiere es el dinero y el poder. Sé que abusaría de esto y llevaría a los Vandalam a la ruina.
- Padre, no creo que esta decisión sea la correcta. Deme unos cuantos años más.
- No puede ser Gray, como ya he dicho, el tiempo apremia. Dentro de una semana iremos al hotel Creole y allí firmaremos el acuerdo. No se hable más. Lo firmarás justo un día antes de tu diecisiete cumpleaños. - Y diciendo esto Padre dio la vuelta en su sillón dándome la espalda.
- De...de acuerdo.- Dije resignándome al futuro próximo que estaba a punto de ocurrir.

Los cuatro días siguientes los viví al igual que pasé el tiempo desde aquella última vez en la que vi a Jeamy, lenta, monótona, aburrida, solitaria... Todas las mañanas entrenaba con Netter y Jony, por las tardes me encerraban en el cuarto de archivos Vandalam con Alberti y los fines de semana me sentaba en una silla frente a Emily, que aun seguía en el hospital y escuchábamos a nuestros padres hablar sobre mi futuro, sobre aquella cita en la que debía firmar ese dichoso documento y que en tan solo tres días arruinaría la vida de tanta gente. En ese instante no eramos más que unos estúpidos ingenuos. Ninguno de nosotros sabía que el tan esperado día sería un día oscuro y manchado de sangre. Nadie sabía la catástrofe que estaba a punto de ocurrir.

                                         ·                                 ·                                 ·

- Louise... verás... yo... Tengo que hablar contigo... Es importante, es sobre lo de la firma...
Estaba ante la puerta del cuarto de Louise. Quería hablar con ella sobre el tema, quería aclarar todo, decirla que yo no quería hacerlo. Que yo simplemente lo hacía para así poder recuperar parte de mis recuerdos perdidos. Pero me era imposible decirla todo aquello, ella no me dejaba, continuaba ignorándome. No había hablado con ella desde... ¿desde hace ya cuanto tiempo? Había perdido la cuenta por completo.
- Louise por favor. Ábreme  Sé que estás ahí dentro. No quiero seguir peleado contigo. Me gustaría que escucharas esto que tengo que decirte.
No hubo respuesta alguna. Resignado abandoné mi intento por solucionar las cosas con ella. Camino de regreso a mi habitación me encontré con Nate a quien últimamente le veía muy a menudo.
-¡Gray! Querido hermano, contigo quería hablar yo.- Dijo él deteniendo mi trayecto al agarrarme por el hombro.- Ven, acompáñame.
Nate me llevó a su habitación. Nunca antes había entrado en ella. Era una amplia sala con una gran cama de matrimonio en el centro. Todos sus muebles; el armario, la cómoda, el escritorio... Todos, sin excepción tenían un aspecto antiguo, para estar en pleno siglo XXI esto era todo un museo de antigüedades.
- Querido Gray...- Se notaba a la legua que los alagos de mi hermano eran forzados. Algo quería, se veía en sus ojos.
- Nate, ¿qué es lo que quieres? No hagas esto más largo.- Solté sin rodeos.
- Querido hermano mío, me conoces taaaaaaan bien.
Me ofreció una silla que había cerca para que me sentara.
- Nate, suéltalo ya de una vez.- Dije poniéndome cómodo.
- De acuerdo. Lo diré sin rodeos. ¿Qué es lo que hay en los archivos de los Vandalam?- En ese instante la actitud de Nate y su tono de voz cambiaron drásticamente. Se encontraba con sus brazos apoyados en los reposa-brazos de la silla en la que yo estaba, todo su cuerpo estaba sobre mi y su fría y cruel mirada parecía querer leer mis pensamientos.- Cuentame todo lo que sepas.
Puede que cualquier otra persona hubiese estado asustada en esta situación, pero yo no. ¿Cómo decirlo? Aquella situación... hacía que me creciera. Me hacía sentir seguridad e incluso superioridad. Una sonrisa se reflejó en mi cara.
- Estúpido.- Murmuré.
-¿Qué? ¿Cómo te atreves a decir eso niñato?- Nate parecía enfadado ante mi reacción, sus dientes chirriaban y sus manos agarraban la silla cada vez más fuerte.- Atrévete a repetir eso.
Levanté mi cabeza y apoyé mi frente sobre la suya. Mis ojos se clavaron sobre los suyos. En ese momento mi corazón iba a mil, la sangre me hervía. No sabía muy bien por qué, pero quería aterrorizar a mi hermano, hacerle retroceder por su impertinencia, por estar siempre intentando manipularme para sacarme información sobre la familia. Quería hacerle ver cuál era su posición, enseñarle que soy su superior. Que debía respetarme.
- Eres un jodido estúpido si crees que puedes intimidarme así.
Vi como la cara de Nate palideció, como sus ojos parecían desorientados. Podía ver cómo Nate perdía el control de la situación y bajaba lentamente su mirada hacia su estómago y contemplaba el brillo del arma presionando su tembloroso cuerpo.
Comencé a reír a carcajadas.
- Ya basta de intentar manipular a la gente. Empieza a entender cuál es tu lugar en esta familia, Nate.- Liberé el seguro del arma y el leve sonido de esta peligrosa acción aterrorizó aun más a mi hermano.
- No serás capaz...- Intentó mostrar algo del poco valor que le quedaba.
-¿Tu crees? En tan solo un día seré el dueño de este gran imperio, tu a mi lado solo eres un adorno del cual puedo prescindir si quiero.
-¿Cómo? ¡No es posible!- Al parecer Nate no sabía nada sobre la cita de pasado mañana en el hoter Creole.
-Así es, así que más vale que mantengas tu sucio culo de perro fuera de los asuntos que no te conciernen.
Nate tragó saliva. Aquella aura de terror que inundaba a mi hermano conseguía hacer arder mi sangre, podría decirse que incluso me excitaba. Llamarme sádico o lo que queráis, pero esta era una sensación maravillosa que revolucionaba todo mi interior.
Nate seguía con su cuerpo sobre mi, en la misma posición que en el principio, con la ligera diferencia de que ahora sus brazos temblaban cual gelatina al igual que todo su cuerpo.
Aparté el arma de su estómago y mi frente de la suya para colocar ahí el arma. Sonreí y él palideció aun más.
-¡BANG!- Grité simulando un disparo mientras le dí una patada en el estómago que le mando contra un baúl que había en frente.
No podía parar de reír. Quería continuar con esta tortura psicológica pero una llamada a la puerta nos interrumpió.
-Disculpe señor Nate...- Era Lavi. Al ver la escena se quedó de piedra. Nate tirado en el suelo con su espalda apoyada en aquel baúl, yo, en frente suya de pie con mi arma apuntándole. La bandeja que Lavi traía en sus manos cayó al suelo y la taza de café se hizo añicos. -Lo-lo siento. Siento interrumpir, recojo esto y enseguida me marcho.
- No hace falta. Ya me iba.- Dije bajando el arma sin apartar mis ojos de los de Nate, quien temblaba cual gallina.
- Jodido niñato...- Pude oírle murmurar desde fuera de la habitación.
Salí del cuarto de Nate y bajé las escaleras. Salí de la mansión y monté en la moto para ir al gimnasio donde me esperaba Jony.

-¿Qué hay Gray?- Saludó Jony cuando me vio entrar en la sala.- ¿Listo para entrenar?
- No, hoy no tengo ganas.- Dije dejándome caer en el sofá.
- Venga, estamos en pleno Noviembre, ¿no quieres entrar en calor?
- Para nada.
- Venga compañero, que mañana es tu gran día, podrías hacerles a todos una demostración de tus habilidades antes de la firmita.- Dijo él bromeando, yo sabía de sobra que no lo decía con mala intención, pero aun así no pude evitar fulminarlo con la mirada.- Ah... es cierto. Tu no quieres continuar con esto, pero aun no entiendo por qué, es algo increíble el estar a la cabeza de la mayor familia de toda Italia. Ser un Vandalam es todo un honor, pero ser el jefe ... eso es...
- Vandalam, Vandalam, ¡Vandalam! ¿¡Es lo único de lo que sabéis hablar todos últimamente!? No sé qué le veis de bueno a esto, para mi ser el jefe de los Vandalam lo único que hace es causarme problemas: Mi hermana deja de hablarme, medio mundo querrá matarme, un cuarto me hará la pelota y el otro cuarto es gente normal que no está involucrada con la mafia. Con lo cual, no tengo a nadie en quien confiar verdaderamente y encima la chica de la que estoy enamorado es mi mayor enemiga y tengo la obligación y el deber de matarla si no quiero que ella me mate a mi. Que alguien me diga dónde está lo genial en toda esta mierda, porque por mi parte no hay nada.
Un silencio incómodo inundó la sala por unos minutos, hasta que Jony decidió contestar.
- Visto así es cierto, pero no pienses de forma tan negativa, es la vida que te ha tocado vivir y no puedes cambiar eso.
- Si, una mierda de vida.
- Además, no todo de lo que has dicho es negativo, estoy seguro de que Louise te perdonará, no puede estar enfadada contigo toda la vida. La gente que tienes haciéndote la pelota hará cualquier cosa por ti, incluso pararles los pies a esos que te quieren matar. En cuanto a lo de Jeamy... hay muchas otras mujeres en el mundo, puede que ahora duela, pero seguro que con el tiempo la olvidarás y conocerás a una mujer maravillosa, aunque tampoco es que eso importe, después de todo esa mujer ya está ahí a tu lado, la señorita Emily.
- Dime Jony. Si mañana me convierto en tu superior todo lo que te diga es absoluto y debes cumplirlo, ¿cierto?
- Así es. Pero ¿a qué viene eso ahora?
- Entonces si te digo que mates a Lavi... ¿Lo harías?
Al parecer dí en el blanco. Sabía que lo que ellos sentían era algo recíproco, sabía que Lavi era su debilidad y que con un ejemplo como ese iba a entender perfectamente lo que sentía.
- Eso es algo totalmente diferente. Además, no hay razón alguna para que ordenes eso.
- Es lo mismo, y hubiese o no razón me debes obediencia ¿o vas a negarte? Te recuerdo que eso se considera traición y es castigado con la muerte. Además, piensa que si te antepones a la orden morirás tu y luego ella también lo hará, da igual la decisión que tomes, Lavi morirá.
Jony no tenía palabras. Estaba quieto e inmóvil frente a mi, fundiendo su cerebro ante tal dilema.
-¿La matarías para al menos sobrevivir tu?- Volví a insistir.
Jony tragó saliva, podía notarse como sudaba ante la presión del momento, al parecer comenzaba a dudar si estaba hablaba en serio o solamente seguía siendo un ejemplo.
- Yo no lo haría.- Me autorespondí.- Yo no la mataría. Prefiero traicionar a todo y todos los que me rodean antes que a mis principios, mis sentimientos, mi corazón. No podría vivir con ello si la matara. Tampoco permitiría que otra persona lo hiciera, es más, mataría a todo el que lo intentara, aunque tenga que enfrentarme contra un ejercito entero de más de dos mil personas.
Jony parecía estar bastante sorprendido con mi respuesta. Tenía sus ojos abiertos como platos.
-¿Tú qué opinas? ¿Qué es lo que harías?- Le pregunté.
- Yo... yo... haría... yo... - Él intentaba hablar, pero tartamudeaba, dudaba qué responder.- A Lavi... yo... yo no... a Lavi...
En ese momento Netter entró en la sala interrumpiendo nuestra conversación.
- Así que estabais aquí. Pero... ¿qué hacéis sentados?
- Hoy no me apetecía mucho entrenar, estábamos conversando.
- Que no te apetece... ¿Y tu vas a ser el próximo jefe?- Dijo Netter con sarcasmo y riendo.- Bueno, vayamos a lo importante, Jony...
-¿Eh? ¿Qué?- Aun parecía estar confundido.
- En unas horas me acompañarás al EEAV 201 a recoger al capitán Vinny.
-¿A Vinny? ¿Vinny vendrá a la mansión?
- Así es señor Grecos, el señor Vandalam quiere que esté cerca del área del hotel Creole por si acaso.
- Pero... involucrar a Vinny es demasiado.
- Eso mismo pensé yo, pero son órdenes del señor de la familia, después de todo hay que aceptarlas al pie de la letra por muy absurdas que sean, ¿no?- Aquellas palabras de Netter dichas con toda la buena intención del mundo y sin saber nada de nuestra anterior conversación parecieron aturdir de nuevo a Jony.
- Cierto.- Intervine.- Y mañana el nuevo jefe seré yo, por lo tanto todo lo que diga debéis hacerlo. ¿O no Jony?
- S-si, por supuesto...- Contesto intentando aparentar en calma.
- Bueno, yo tengo que volver a la mansión, no vuelvas muy tarde Jony que debemos partir pronto.- Y diciendo esto Netter abandonó la sala.
- Tranquilo. Nunca ordenaré que mates a Lavi. Ni a ti ni a nadie.- Dije para tranquilizarle. La expresión de la cara de este pareció relajarse.- ¿Y bien? ¿Por qué no te declaras?
-¿¡Qué!?
- Si, que ¿por qué no le confiesas tus sentimientos a Lavi?
-¿Eres tonto o qué? Eso no es algo que se pueda decir sin pensar.
- Bueno, tu te lo pierdes.- Dije levantándome del sofá.
-¿A qué te refieres con eso?- Preguntó curioso.
Cogí una de las pesas y comencé a ejercitar mi brazo derecho.
- Nada, solo digo que estás perdiendo el tiempo, deberías decírselo, confía en mi.
-¿Qué confíe en ti? ¿Acaso sabes lo que piensa ella? ¿Acaso sabes si siente lo mismo? No, ¿verdad? ¿Qué sabrás tu?
- Puede que sí que lo sepa pero no quiera decírtelo.- Le piqué.
-¿Qué? ¿Lo sabes?- Los ojos de Jony parecieron iluminarse de alegría.- Dímelo por favor.
- No.
- Venga, Gray. ¿Qué te cuesta?
- A mi nada, lo mismo que a ti declararte.
- Venga ya, seguro que no sabes nada y solo intentas hacerte el interesante.
- Piensa lo que quieras.- Dije soltando la pesa.- ¿Entrenamos un rato?
-¿Pero no decias que no te apetecía?
- Ah, si, bueno. Lo que ocurre es que me apetece darle a este soldado cobarde y tonto, que solo sabe manejar armas pesadas de larga distancia y que no sabe mostrar sus sentimientos por la chica que quiere, en una pelea cuerpo a cuerpo en la que acabará hecho puré.

                                     ·                                     ·                                    ·

-¿¡Pero por qué!? ¿¡Por qué Gray tiene que ser el que herede la familia y más ahora!? ¡Tan solo tiene diecisiete años, es solo un crío!
- Louise, creo que ya te he explicado demasiadas veces cual es la situación, no tengo por qué volver a hacerlo.
-¡Pero Padre! ¡Gray no está preparado! ¿Quiere verle morir? ¿Acaso no viste cómo se dejó manipular por esa Cavalone? ¿No viste cómo la defendió y la dejó escapar?
-¿Acaso crees que no me he dado cuenta de todo eso? ¿Acaso crees que quiero poner la vida de mi hijo en peligro? En la vida hay veces que tienes que tomar decisiones en las que ninguna de las dos opciones son buenas, así es la vida. Yo tampoco quiero esto Louise, pero es lo que hay. Se a ciencia cierta que me arrepentiré eternamente de lo que ocurra mañana, incluso tras mi muerte. Louise, espero que nos acompañes al amablemente al hotel y estés presente y tu también firmes como testigo.
- No lo haré, Padre. Jamás firmaré algo como eso.
- Bueno, entonces volveré a replantearte el asunto. No es una petición, Louise, es una orden. O... ¿debo considerarte una traidora?

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