Llevé mi mano hacia aquel rubio moño, deshaciendolo, lentamente, enredando mis dedos en cada mechón, poco a poco su cabello quedó liberado.
"Jeamy... mi querida Jeamy." Mi mente divagaba, viajaba a través de un mundo lleno de felicidad. En aquel instante no podía pensar en nada. Mi cabeza se llenaba con un solo nombre. Jeamy.
Acariciando aquella rubia melena mis labios recorrían los de Jeamy, suavemente, dulcemente. Saboreandolos como si de una fresa se tratara.
"Jeamy... Mi Jeamy..."
La respiración se entrecortaba. El pulso se aceleraba y el corazón no rendía lo suficiente como para llenar el gran sentimiento de placer que inundaba todo mi cuerpo.
"Jeamy... Quédate así, junto a mi, para siempre. En un mundo en el que podamos vivir solo nosotros dos."
-¿Q-Qué estás haciendo hijo? No... No puede ser... Apártate de esa chica. Debes apartarte. Te está manipulando, está jugando con tus sentimientos... ¡APÁRTATE DE ELLA GRAY!
¡Bang!
Tras aquel disparo dejé de sentir los cálidos labios de Jeamy, ella cayó sobre mi.
-¿Jeamy? ¿Qué pasa?- Pregunté sosteniéndola entre mis brazos.
- ¡APÁRTATE GRAY! - Continuaba gritando mi padre apuntando con su arma a Jeamy.
Entonces me fijé en que el hombro de esta estaba completamente empapado en sangre y su piel se había vuelto de un color pálido. Había perdido ya demasiada sangre y gracias al disparo que mi padre le acababa de asestar en el costado ahora se encontraba semiconsciente.
- Ahhh...- Gruñó ella levantándose y apartándose a un lado.
- Jeamy, no...
Me levanté e intenté acercarme a ella, pero con el brazo que tenía bien me golpeó y apartó.
-¡NO! ¡No vas a confundirme! ¡Voy a acabar contigo Gray! ¡YO SERÉ QUIEN PONGA FIN A TU VIDA!
Entonces sin esperarlo Jeamy saltó por la ventana que había tras el escenario.
Todos los hombres de mi padre, él mismo y yo incluido nos abalanzamos hacia la ventana en busca de Jeamy, pero cada uno con una finalidad diferente, ellos para dispararla y matarla, yo para asegurarme si seguí viva después de tal caída y que escapaba bien. No había rastro de ella, desapareció entre la oscuridad de aquella fría noche.
· · ·
<<Jardines de la mansión Vandalam. La pequeña Cavalone huía malherida a toda prisa, corriendo entre los matorrales del territorio enemigo, hasta que un ruido la alarmó.>>
-¿Quién es? ¿Quién anda ahí?-
<<La muchacha sacó su arma y alerta a todo lo que la rodeaba buscaba entre las sombras de la oscura noche.>>
- Has fracasado de nuevo, ¿por qué no le has matado ya Jeamy?
<<Una joven apareció tras un árbol. Su rostro estaba oculto por una capa con capucha color marrón. Una larga trenza rubia asomaba por la capa. Era un rubio casi como el oro.>>
- Lo siento, no he podido. Las cosas comenzaron a complicarse y tuve la necesidad de retirarme.
- Como siempre. No eres nada más que una fracasada. Jeamy, no traes más que desgracias. No preguntes luego el por qué Padre prefiere que yo me encargue de todo. No mereces vivir Jeamy.
- Si...
<<Acercandose junto a la encapuchada, Jeamy desapareció entre los árboles con su rostro lloroso y su alma destrozada.>>
· · ·
Tan solo veinte minutos más tarde este incidente en la casa parecía haberse calmado un poco.
Emily había sido llevada al hospital en una ambulancia, su padre, el mio y mis dos hermanos la acompañaron. El hombre que había sido disparado fue recogido por un cuerpo especial que se encargaba de los cadáveres en la familia Vandalam. El resto de la gente no paraba de parlotear los unos con los otros del trágico suceso y de mi. Sobre todo hablaban de mi. Sus miradas maliciosas no paraban de acuchillarme. Entendía el por qué de tanto acoso, pero... ¿qué podía hacer yo? Estaba enamorado de aquella chica. ¿Qué esperaban que hiciese? ¿Matarla? No podría hacer algo así. Cansado de ser el centro de atención de todas las miradas y recibir comentarios llenos de odio y rencor decidí subir a mi habitación.
Al entrar pude darme cuenta de la presencia de Lavi, quien estaba colocando ropa en el interior de mi armario. Sin decirla nada me senté en el borde de la cama dándola la espalda y resoplé. Entonces la siempre preocupadísima y protectora Lavi se acercó y sentó a mi lado. Me abrazo.
- Tranquilo Gray. Ya pasó todo. - Lavi besaba y acariciaba mi pelo. Su forma de tratarme y dar amor como si aun fuese un niño pequeño solía poder hacerme olvidar mis preocupaciones pero en este caso... era completamente diferente. Eso no bastaba para hacerme olvidar lo ocurrido esa noche.
- Lo he visto todo. Al fin comprendo cual es la situación, el por qué te afecta tanto todo lo que tiene que ver con esa chica. Estas enamorado y no te voy a culpar por ello, nadie elige de quien enamorarse, aun que sea tu mayor enemigo.
- ¿Qué puedo hacer Lavi? - Tras aquellas palabras me derrumbé y comencé a llorar.
- Tranquilo... Estoy segura de que todo se solucionará. Debes tener confianza y fuerza para poder afrontar el problema. Yo estoy aquí para cualquier cosa que necesites. No lo olvides.
- ¿No estas enfadada?
- ¿Por qué debería estarlo? Todo lo contrario. Estoy muy orgullosa. Lo que acabáis de hacer a sido algo muy valiente, habéis demostrado vuestro amor, un amor entre dos miembros de dos familias que pelean a muerte, ante la todas las familia que conforman la gran familia Vandalam. Lo que has hecho ha sido una verdadera prueba de amor. Un suicidio. Lo que has hecho casi podría considerarse traición a tu familia y en cambio no has sentido ningún miedo al hacerlo. Simplemente es amor, ¿qué hay de malo en ello? - Las dulces palabras de Lavi dolían un poco.
- ¿Nuestro amor? Esto no es algo recíproco, el único enamorado aquí soy yo. Jeamy lo único que hace es actuar para así poder matarme, es lo que ella desea.
- ¿Cómo? Créeme, esa chica, aun que no quisiera reconocerlo siente algo muy especial por ti, si no fuese así ahora mismo estarías muerto. ¿Has visto como ha matado a aquel hombre sin dudarlo un segundo? ¿O como ha disparado a Emily? Si de verdad desease tu muerte ya no estarías aquí. - Tras unos minutos de silencio en los que Lavi me abrazó se levantó de la cama.- Tengo que seguir haciendo cosas. Si me necesitas para algo, cualquier cosa, llámame.
- Claro.- La contesté con una amplia sonrisa.
Lavi puso rumbo al pasillo pero al atravesar la puerta chocó con alguien. Era Jony Grecos.
- Se-señorita Lavi. discúlpeme.
- No, la culpa es mía, lo siento.- Contestó ella con su rostro enrojecido por la vergüenza.
Jony se fue.
- Ve a por él.- La dije desde la cama.
-¿Queeeeeé? ¿Qué estas diciendo?
- Me he dado cuenta de que te gusta Jony.
-¿Q-Qué dices? Son imaginaciones tuyas...
- Si tu lo dices... La verdad es que sé que Jony también siente algo por ti. Aprovecha que es mutuo y posible.- Dije pensando en Jeamy y en mi.
- Dejate de tonterías.- Dijo ella marchándose.
Tumbé mi cuerpo tal cual estaba sentado en la cama, dejando los pies colgando. "¿Qué estás haciendo con tu vida, Gray?" Pensé. "Abandona ya estos sucios sentimientos, ella no es para ti." Aun no podía acabar de asimilar todo lo ocurrido esa noche. Jeamy. ¿Por qué? ¿Por qué no puedo simplemente matarla? Es mi deber como Vandalam que soy."
Sumergido en mis pensamientos comencé a dejar que mis párpados cayeran para así adentrarme en el mundo de los sueños, donde tal vez se pueda vivir felizmente y sin preocupaciones, no como en el mundo real.
Durante un tiempo tras los ataques por parte de la familia Cavalone cesaron. Todo parecía en calma. Fueron dos meses largos y duros en los que simplemente pasaban los días, uno tras otro, deseando que ya llegara el fin de la monotonía. Una monótona rutina insoportable de llevar. Eso no podía llamarse vida. Por la mañana iba a visitar a Emily, por la tarde entrenamiento... todos los días eran iguales, hasta la última semana, en la que las visitas al gimnasio se sustituyeron por reuniones a las que acudía con mi padre. Presentarme a gente de la familia, leer documentos, informarme sobre la procedencia de la familia Vandalam. Así pasó el tiempo de nuevo. Cuando pensé que la rutina pararía me di cuenta de que lo único que hizo fue cambiar a peor. Con los entrenamientos al menos podía ver a Jony, quien con el tiempo se convirtió en mi mejor amigo. Sin embargo, ahora las tardes las pasaba en un despacho con cincuentones.
Ya habían pasado nueve meses desde que desperté tras mi secuestro. En este tiempo había recuperado la mayoría de mis recuerdos, aunque aun existían fragmentos perdidos navegando sin rumbo por mi mente.
El mes siguiente era especial, pues cumpliré mis diecisiete. Todos en la casa estaban alborotados, querían celebrarlo por todo lo alto. Yo lo veía un poco precipitado, aun quedaba todo un mes por delante, había tiempo de sobra.
-¡Vamos Gray! Venga, ¿cuál de estas tartas prefieres que encarguemos?
Me encontraba en la cocina sentado junto a Lavi que me estaba mostrando un catálogo de tartas por encargo.
- Lavi, aun queda un mes. ¿No crees que es demasiado pronto para encargar ya la tarta? Además, a mi me da igual, elige la que tu quieras, cualquiera está bien para mi.
-¿Pero qué dices? Es un día muy especial y todo tiene que ser perfecto.
- Lo que tu digas... - Dije con desgana. - Quiero esta.
-¡No! No has mirado siquiera lo que has escogido.
- Pero es que me da igual de qué sabor sea la tarta. Todas llevan azúcar ¿no? Ese es el ingrediente principal, ya está, cualquiera está bien.
Me levanté cabreado, quería salir de la cocina.
-¡Espera Gray!
Salí al pasillo, allí me crucé con Louise y Nate, parecía que estuviesen discutiendo.
- Anda, pero mira quién está aquí. Si es el renacuajo que va a llevar al fracaso al imperio de los Vandalam.- Dijo Nate. Aun en todo este tiempo no he tenido oportunidad alguna de hablar con él excepto cuatro palabras intercambiadas en situaciones muy puntuales como esta. Tampoco es que en algún momento haya querido entablar conversación con él. No sé qué era, pero tenía algo que no me gustaba nada y al parecer yo era una molestia para él, pues iba a ser quien heredaría el poder de la familia y no él.
- Buenos días.- Le contesté de mala gana.
- Hermana, ¿no dices nada?- Dijo él dirigiendose a Louise, quien parecía algo cabreada, sin embargo sus ojos se encontraban húmedos, como si hubiese estado llorando.
- No, nada en especial. - Contestó ella. - Gray, Padre quiere que subas a la biblioteca, a su despacho. Tiene algo importante que hablar contigo.- Apenas me miraba a los ojos, parecía evitar cruzar su mirada con la mía. Con lo bien que nos llevábamos... y tan solo por querer saber quién soy y poder encontrarme a mi mismo rompimos aquella relación. Con el tiempo nos hemos ido distanciando más y más y ahora somos como dos completos extraños.
- De acuerdo, ahora mismo subo.
- Bien.- Contestó ella. Louise y Nate continuaron su camino.
"¿Qué querrá Padre ahora?" Dije para mis adentros dirigiéndome hacia la biblioteca.
Cuando estuve delante del gran portón llamé dos veces y un "adelante" que provenía de dentro de la estancia me invitó a entrar en ella.
-Gray, hijo mío, pasa. Toma asiento.
Padre se encontraba en el escritorio, sentado en su roja silla de terciopelo. A su lado, un hombre trajeado, con gafas, pelo engominado y repeinado hacia atrás y con un maletín en sus manos posó su mirada sobre mi.
Me senté en el sofá que hay justo enfrente del escritorio y con una gran compostura y respeto, tal como me habían indicado que hiciera siempre que hubiese alguien delante de mi padre dije:
-¿Me ha llamado Padre?
-Así es. Este es Alberti, un reconocido abogado y notario de la familia que ha estado sirviendo a los Vandalam durante varios años. - Explicó él.
-Encantado. -Dijo Alberti sin expresión alguna en su rostro ofreciéndome la mano.
-Igualmente. - Tomé su mano.
-Durante esta semana él se encargará de enseñarte todo lo necesario para poder dirigir la familia. Te mostrará también todo lo que hay que hacer antes de firmar el acuerdo y todos los papeles para que finalmente puedas ser el heredero.
- Pero... ¿por qué tanta prisa?
-Gray, sé que puede parecer algo precipitado pero el tiempo se nos echa encima y los Cavalone también.
-Pero... desde el día de la fiesta los Cavalone no han vuelto a atacar. Durante estos dos meses no ha pasado nada, ¿por qué debería pasar ahora?
Sé que fue mi elección el aceptar continuar la familia, pero no quería que fuese ahora, no me veía lo suficiente capacitado, no sabía que era lo que podía pasar, estaba asustado por recibir semejante carga de responsabilidad.
-Por eso mismo, después de la calma siempre vuelve la tempestad. Nos están dando tiempo para que nos preparemos. Algo gordo se avecina. Nos están desafiando, Gray, y espero que esta vez estés mejor preparado y no ocurra lo mismo que en aquel encuentro.
"Jeamy... es cierto, la besé delante de todos y la defendí." Me había olvidado completamente de aquello. ¿Qué pensaría él de todo esto?
-Eso fue...
-No. Calla. No quiero oír escusa alguna.
-De acuerdo.
-Bueno, entonces os dejo solos, tenéis mucho trabajo por delante. Alberti, si necesita acceder a los archivos Vandalam puede hacerlo, usted tiene el permiso y las llaves de las dos salas después de todo.- Se levantó y se marchó de la habitación.
-Bien, señorito Vandalam. ¿Ya ha escuchado la historia de la familia, como se creó, fundó etc?
-Si, si... Mil veces.
No me apetecía nada seguir hablando sobre la familia Vandalam. Que si Vandalam esto, Vandalam aquello... Ya estaba cansado de siempre lo mismo. Con todos los problemas que me ha causado este apellido y ahora en adelante debía estar todos los días oyendo hablar de él.
-Entonces acompañeme. Iremos a la sala de archivos de los Vandalam, en donde están registrados todos los trabajos que ha realizado la familia desde su creación y... -Dejé a Alberti hablando solo, no me apetecía nada escuchar lo que decía simplemente me limitaba a asentir y aparentar que me enteraba de lo que decía.
Mientras él seguía parloteando me llevó a un pasillo en el que nunca había estado. Frente a mi había tres puertas de hierro forjado, parecían indestructibles. Alberti sacó una llave y abrió la primera de ellas.
El interior de la sala era oscuro y tétrico, con telarañas por todas partes, eso demostraba que el paso a la habitación estaba verdaderamente muy restringido. Al encender la luz pude contemplar las innumerables estanterías repletas de carpetas y archivadores con fechas y nombres.
- Aquí se encuentran todos los...- Alberti seguía hablando de fondo.
"Dios mío, ¿no se cansa de hablar este hombre?"
Caminé entre dos estantería leyendo aquellas fechas y nombres, todos desconocidos para mi, excepto uno que llamó mi atención. "Valerine Walker". Estaba escrito en el dorso de un grueso fichero. "Valerine Walker" Repetí en mi mente. "Walker... tiene el mismo apellido que me dieron al despertarme."
-Gray, Gray... ¡Señorito Vandalam!- Llamó Alberti.
-¿Qué? -Respondí bordemente.
-¿Me está escuchando? Es importante que preste atención a todo lo que digo, no debe perderse detalle alguno por su bien y el de la familia Vandalam.
-Que si...- Ahí estaba otra vez ese odioso apellido que arruina y descompone mi vida. Parece que a todo el mundo lo único que le importa es ese dichoso apellido.
-Como iba diciendo aquí se reúnen todos los documentos e investigaciones de todas las personas que han tenido contacto con la familia Vandalam.
"Valerine... ¿dónde he oído yo antes ese nombre?"
Seguí a Alberti, ya habíamos dejado atrás el fichero, pero aquel nombre había picado mi curiosidad y me había parecido haberlo oído alguna vez, tenía que saber dónde. "Piensa, Gray, ¿dónde lo has oído?"
-¡Oh! ¿Pero qué tenemos aquí?- Dijo Alberti.
Entonces en ese instante me dio por prestar atención a lo que iba a decir.
-¿Qué ocurre?
Vi como se dirigía hacia un pequeño escritorio en el que había un archivador, en él ponía "Alpa Chero"
-Aun no he firmado la actualización del informe de El Chero. Si me disculpas un momento. - Alberti se sentó en la silla y comenzó a leer el documento.- Murió en el casino... Si, correcto... Hmmm... Ajá, sí. Está todo correcto.- Sacó un bolígrafo de uno de los bolsillos del pecho de su americana y firmó el documento.
"Alpa Chero. El Chero...¡Claro!" En ese momento recordé como empezó la pelea con El Chero en el casino. "Panda de incompetentes, no me extraña nada que Valerine os traicionara, después de todo los Vandalam no sois más que mierda." Las palabras que Chero dijo... Alteraron tanto a mi padre... "Valerine... una mujer que abandonó a los Vandalam. Walker... el apellido que usaron para esconderme era el de mi madre y por lo que mi padre me contó ella nos abandonó... Esto quiere decir que Valerine Walker es mi madre... Y ese documento habla sobre ella." Tenía a mi mente trabajando a toda velocidad. Acababa de descubrir un lugar en el que podía averiguar algo sobre mi madre.
-Bien, pues ahora coloco esto en su sitio y continuamos.- Dijo Alberti metiendo el archivador de El Chero en su estantería.
-Oiga Alberti. Estos documentos... ¿puedo yo leerlos?
-¿Pero qué dice? Solamente hay dos personas que pueden acceder a estos archivos y esos somos el Señor Vandalam y yo. Está a años luz antes de poder poner un dedo sobre ellos.
-¿Y qué pasaría si alguien que no fueseis vosotros los leyese?
Alberti rió a carcajadas.
-Eso es imposible. Además, tan solo el intentar entrar a estos archivos es una infracción directa a las normas castigada con la muerte. La información que hay escrita en estos documentos es de vital importancia y no puede ser leída por cualquiera.- Su tono de voz al mencionar esto se volvió muy frío.
Parecía ser un tema serio todo lo que había escrito en estos archivadores.
-Pero voy a ser el heredero, ¿entonces no se supone que yo debería poder leerlos como nuevo jefe?
-No, simplemente tienes dieciséis años, aquí hay cierto información que aunque seas el heredero de la familia no deberías saber hasta que comprendas y aprendas a dirigir y tomar elecciones sin tener en cuenta tus sentimientos y emociones.
- Tengo casi diecisiete. Venga, porque le eche un ojo no va a ocurrir nada.
-¿Por qué tanto interés?- Parecía que Alberti se estaba dando cuenta por donde iba la cosa.-¿Qué has visto? ¿Has echado el ojo a algún documento en especial?
-No... es solo simple curiosidad...-No podía decirle que quería leer la investigación sobre mi madre, estoy seguro de que se lo contaría todo a mi padre y este me prohibiría entrar. Pero tenía demasiada curiosidad y quería saber algo más acerca de ella.
-Bueno Vandalam, vayamos a fuera.
-De acuerdo.
Salimos de la sala. Alberti estaba cerrando la puerta y asegurándola echando la llave. Yo me encontraba a su lado, observando lo que hacía, pero entonces mi mirada se percató de la presencia de una sombra que no era la nuestra en la pared. Era Nate. Estaba apoyado sobre la pared que había detrás nuestra. Su mirada era penetrante, no apartaba la vista de los movimientos que Alberti realizaba, este se percató de la presencia del observador.
-Señor Nate Vandalam. ¿Qué hace usted en este pasillo?
-Nada en especial.
-Entonces si es usted tan amable, ¿por qué no se va de aquí? Esta zona no posee nada que tenga que ver con usted, además, el paso de personas es restringido y lo sabe.
-Mire, no sé si se ha dado cuenta, pero vivo en esta casa y paso por donde se me antoja.- Dijo Nate desafiante mientras se marchaba.
El señor Alberti siguió sus pasos con la mirada y cuando mi hermano desapareció de nuestro campo de visión sacó un reloj del bolsillo, miró la hora y con un gesto de cabeza me indicó que le siguiera. Nos dirigimos a la sala de reuniones de la mansión donde estuvo explicándome cómo debía comportarme, informándome sobre los subordinados de Padre y las pequeñas familias que nos servían, los trámites para firmar los documentos y un montón de cosas aburridas. Las agujas del reloj no parecían avanzar y estos tres días parecieron ser dos años.
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